miércoles, 30 de diciembre de 2015

Tengo que aprender.

Tengo que aprender a ver lo bueno en un no, a ver bonitos los días grises. Tengo que aprender a disfrutar la melodía de alguna canción, sin solo escuchar la letra. Tengo que aprender a salir sin llegar siempre al amanecer, tengo que aprender a recordar todo aquello que no te he dicho. Tengo que aprender a perder el miedo a ponerle tu nombre a el titulo de lo que escribo. Tengo que aprender a ser menos impulsivo y darle una vuelta a las cosas que no debería hacer. Tengo que aprender a no querer tan rápido, que sin peso las cosas vuelan. También debería aprender a querer mejor a ciertas personas y no llenarme la boca de lo mucho que lo hago. Tengo que aprender a no ponerme nervioso cuando te miro a los ojos y buscar otro camino hacia tus labios, ese ya me lo has descubierto.
Tengo que aprenderme tus momentos de mal humor, tus lugares preferidos, tus caricias favoritas. Tengo que aprender que si no estas también me puedo despertar de buen humor, que desayunar más de un café es necesario y que ningún problema es un mundo. 
Tengo que aprender que sin apenas conocerte no puedo querer girar el mundo para verte. 
Tengo que aprender que no solo hay que estar, también hay que ser. Tengo que aprender un sin fin de lecciones de perder el orgullo, unas cuantas anti cabezoneria y muchas para no ser tan irascible según cuando. Tengo que aprender a no pensar en mañana porque me olvido de ahora.
Tengo que aprender a dejar de dibujar corazones entre tu pelo, a no ponerle nombre a todos tus lunares. Tengo que aprender a llevar, que antes de mi otros te vieron desnuda, que no soy yo el primero que te descubrió el corazón. 
Tengo que aprender a no ser tan caprichoso cuando llevo un par de copas. Tengo que aprender a confiar más en la gente, a no hacer pagar a justos por pecadores. Tengo que aprender que ser celoso esta de más aunque sea inevitable. Tengo que aprender a callarme las cosas que no tengo que decir y tener el valor de decir las que nunca me atrevo.
Tengo que aprender que la felicidad es cuando no la necesitas, como un día escribió Séneca. Tengo que aprenderme todos los rincones del mundo por si un día te pierdes saber donde buscarte.
Tengo que aprender a administrar el dolor, por si un día me faltas poder decir que "amores que matan, nunca mueren". 



martes, 15 de diciembre de 2015

Sobre cerrado.

Te escribo a escondidas no vaya a ser que alguien te declare amor con mis palabras. Tengo un sobre cerrado sobre la mesilla, tiene tu nombre, tu despedida y un par de lagrimas ya secas. En el te hablo de los más de cuarenta mil pasos que dimos de la mano, te recuerdo el abrazo que nos dimos dentro de mi abrigo, te cuento las batallas que siempre le ganamos a las despedidas y de la guerra que al final casi perdimos con el ultimo adiós. 
También hablo de lo que nos costo despedirnos, de como nuestras manos parecían imanes y te explico que sigo escuchando tu boca temblar sobre mi oído. Te cuento que me quede un rato mirando hacia dentro por si volvías a bajar, frotándome lo ojos como el que cree que las lagrimas le impiden ver. Te escribo que nunca se me hizo tan largo el camino a casa, me abrace a todos los arboles, por la falta de equilibrio al no haber un mañana nos vemos. 
También leerás que todo esto es solo el principio de lo que va a suceder, que aunque tardáramos en llegar y esta mañana ya no amanezcamos bajo el mismo cielo, solo es el comienzo de un siempre. 
Como te escribí hace poco, volvería a quererte todos los días de mi vida. No me hiciste caso en eso de que lo de guapa lo tenias ganado y tardaste en bajar, haciéndome perder la negociación y convertirme en siempre tuyo. 
Y aquí estoy, una noche más en tu portal, gritando "corre, baja", sin querer creerme que te has ido. Por mucho que lo intenté, tu inseguridad siempre latente no me dejo convencerte de que por más bares que cierre, muchas copas que me tome, cada respiro que doy, es en recuerdo a tus suspiros. 
Sonríe, no te olvides que te has marchado, pero no te has ido.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Corre, baja.

Reconocería tus pasos en un terremoto. Volvería a quererte todos los días de mi vida, te besaría en cada paso que doy y eso que, cada noche, después de acostarnos deseo no haberte conocido nunca. Baja, estoy en tu portal, vamos a cenarnos las calles, a apagar alguna estrella, a cerrar todos los bares. Aquí estoy, arrastrando esta adicción a ti, calculando baldosas para nunca perder el rumbo. Memorizando farolas para saber cuales apagar cuando quiera robarte un beso. 
Baja, tengo antojo de morderte el cuello, corre, quiero sacarte un par de sonrisas con alguna frase irónica. 
Aquí tienes al tonto que se tatuó en las yemas las instrucciones de hacerte feliz. Baja, corre, detén esta negociación conmigo mismo en la que me ofrezco para ser siempre tuyo. 
Baja, no hace falta que te pongas guapa, eso ya lo tienes ganado. Baja y tráete un par de esas miradas que enloquecerían hasta a un muerto. Corre, que cada segundo sin ti es peor que morir en la hoguera. 
Baja y no me pidas que me calle, que si nos queremos es hora de gritarlo. 
Baja y deja en el armario el miedo a nuestra primavera. Corre, que me tienes convenciendo al amor, tendiendo excusas para verte siempre en tu ventana. 
Baja, y tráete el corazón a ver si así recargo el mío. Corre, ven con ganas de desayunar que vamos a hacer el mañana juntos. 
Baja o mejor, abre y subo. Hagamos de nosotros una despedida sin final.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Que bonita haces esta ciudad.

Asómate a la ventana, Madrid esta soleado y leo que llueve en tu ciudad, como si la vida nos quisiera decir algo. Con lo bonita que haces a la Castellana me pregunto si se vera igual si tu no la paseas. Me he negado a pisarla si no es con tu pies, me he negado a aceptar que el destino pueda ser tan despiadado de presentarnos para alejarnos. 
Aquí me tienes, una madrugada más, dandole forma a todo lo que jamas te digo. Busco desde la ventana la forma de cerrar Madrid para que no puedas irte, choco contra el cielo y las nubes se ríen de mi. 
Nos prometemos no pensar en mañana para disfrutar hoy, nos prometemos no hacer recuerdos para vivirlos. Apago las estrellas para ser el único que te ve desnuda, apago tus ojos para que grabes en tu piel cada una de mis caricias. 
Pinto corazones en cada uno de tus poros, para que latan cada vez que entres en calor. Derrites mis ojos, tatuando en cada una de mis lagrimas tu nombre. 
Te prometo que esto no tendrá un final feliz, porque no voy a dejar que acabe. Matare las horas para que no puedan correr, ahorcare a los segundos para que no puedan volar. 
Me queda mucho por conocerme y solo a tu lado lo hago, tengo todo por decirte y no se por donde empezar. Me has enseñado a vivir sin respirar, cada trago que te doy hace que tenga más sed de ti. A veces, pienso que no soy yo el que habla cuando abro la boca, nunca me había pasado sentir que es poco decir todo lo que siento. 
Somos víctimas de una casualidad, culpables de hacer pequeño al mundo, presos de tener todo al roce de nuestro cuerpo. No quiero saber a que huele otra piel, a que saben otros labios o la salida del laberinto de otro pelo. No, no quiero morir por otros ojos, ni echar de menos otra sonrisa, no quiero saber a que suena mi nombre en otra voz. 
Que bonita haces esta ciudad, el día que te vayas fundiré el sol y te estaré esperando en aquel lugar, pintando entre hielos el que fue nuestro primer beso.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Hechos de papel.

No saber a dónde voy exactamente, pero ir hasta el final. No entender que quiero, pero quererlo sin cesar. Ese podría ser nuestro resumen. Todo y nada, igual que dormíamos en las nubes nos despertábamos en un charco. Un vaivén constante, ponerle paréntesis a una afirmación. Un no te miro, solo te pienso. Un no te quito ojo pero aléjate.
Descubrí cosas de mí que no sabía que tenía, vi en ti cosas que no sabía que existían. 
Caminando nos dimos contra un espejo, agarrados de la mano inconscientemente, nos sonreímos, burlándonos de las metas y barandillas que nos pone la vida. 
Como si pulsáramos el stop, nos descubrimos paralizados después de un ataque de cosquillas, contradiciendo la primera norma de ser fríos y calculadores. Sintiendo sin querer, encontramos el miedo a la soledad e intentando perderla de vista nos vimos, al giro de una esquina enfundados en un beso. 
Imaginamos paseos por la Toscana, vistas en Montmartre, luces de Manhattan, dando vueltas en bici, fabricando nuestra ciudad, hacíamos sueños de cristal.
Saltamos por tejados, creyendo volar y tan solo éramos aviones de papel en un vendaval. 
Mi abrigo sobre tus hombros, abrazados, conciliándonos con el calor, dejando al frío entre los dos. 
Sabes más de mis sonrisas que yo, fumo de tu respiración, me pierdo entre tus dedos. Sueño con tu piel, con el relieve de tus lunares, con hacer tan pequeño el mundo que sólo estemos los dos.
Sueño con perder el miedo de nuestras fronteras, acabar con esta bipolaridad constante, exterminar la frustración de querernos y no saber decirlo. 
Pero mientras, sigamos siendo un barco hecho con periódicos, que si nos hundimos yo te enseño a nadar.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Te lo digo a ti.

Te lo digo a ti, que entendiste que mi vida es una montaña rusa. 
A ti, que lidiaste con mi afán de salir a morir, a ti que le diste una estocada a mi obsesión por rellenar la agenda. Te escribo a ti, que sales por la puerta grande en todo lo que te propones.
A ti que eres de "kantamelade", que entendiste mi pasión por el futbol, a ti, que me enseñaste que el plan de peli y manta es una gran opción. 
A ti, que aplaudes cuando te llevo a algún concierto de Andres Suarez. Te lo cuento a ti, que entiendes que, a veces, es mejor no hablarme. 
Tú que sabes que me pongo celoso con facilidad, a ti, que te encanta verme buscando la manera de ocultarlo y pedirte sin que suene mal, que sólo exista yo. Te lo cuento a ti, sólo a ti,que puedes verte en cada letra de lo que escribo. 
Te miro a ti, que sabes hacer pequeño cada problema, te miro a ti, que me sorprendes en cada beso. Te sonrío a ti, que me alteras en cada cambio de sentido. Te lo digo a ti, que sabes ser impuntual sin que me enfade. Si, tú, que haces que llegar tarde merezca la pena. A ti, que me asombras con tu habilidad innata de hacer siete cosas mientras conduces. 
Te lo digo a ti, que no sabes leer sin mover los labios. Te lo digo a ti, que llenas cualquier abrazo, hasta los tristes. Te lo cuento a ti, que te enfadas si no te doy las buenas noches. Te miro a ti, que grabas tu piel en mi nombre.
Te miro a ti, que conviertes en adición verte bailar. Si, tú, que corres cuando apagas la luz del pasillo. Te lo digo a ti, a la que si vemos una película de miedo usa mi brazo como descarga de tensiones, a ti, que tengo que esperar a que te duermas para irme. 
A ti, que te frustras cuando algo no te sale. A ti, que me demuestras que es mejor perder el orgullo cuando nos enfadamos. 
A ti, que todavía no te crees todo lo que te he mirado sin que te dieras cuenta. A ti, que no entiendes que siempre te he buscado. A ti, que muestras seguridad y tiemblas a escondidas. A ti, que sabes curar las mañanas de resaca, a ti, que te divierte jugar a ver quien es más cabezota.
Te lo digo a ti, que te hace tanta ilusión cualquier detalle que me tienes siempre bajo presión. 
Sí, te lo digo a ti, que te enredas en cada papel que agarro, que sales de cada bolígrafo que utilizo. Sólo a ti, que tienes la capacidad de ser todo lo que quiero.



martes, 17 de noviembre de 2015

Casi.

Lo pequeña que puede ser la distancia en un casi y lo inmensa que la puede hacer el dolor. Un eterno casi, un casi que parece cómplice y está confabulando contra nosotros. Un casi compitiendo con un siempre.
Te creías que era cosa de la madrugada, pero no, vacíe Madrid para que te olvidaras que existe algo más que nosotros y casi, casi se te escapa un beso. 
Casi lleno el quinto cuaderno en el que narro las locuras que sólo compartimos con las estrellas, casi nos dan la medalla a la sonrisa más larga. 
Casi te olvidas de tu verdad y casi le hago desaparecer. Casi le llamas por mi nombre, como siempre, cuando aparece mi cara al darle un beso. 
Casi nos escapamos volando un rato de tu obsesión por mantener la trazada estipulada, sin entender que en otras, también puedes ser feliz. Casi, casi te olvido hasta que la almohada me recuerda que sólo era un sueño. Casi consigues que me de por vencido, hasta que entiendo, que todos los días de mi vida estaré negociando con estos centímetros que te mantienen a un poco de mi. 
Casi se te caen las lágrimas al pedirme que me quede. Casi mato al tiempo por habernos presentado tan tarde, pero se ha escapado con el reloj. 
Casi nos parece suficiente ir de la mano, casi, pero nos sabe a poco. 
Casi te das cuenta que sin haberlo hecho, de desnudarte ya sé un poco. Casi, casi te vas pero te has escondido la llave de la salida de emergencia. Casi te engañas y te crees que nunca pasará nada, pero el destino ya te ha explicado que sí. 
Casi se enfada la luna conmigo por tenerte durmiendo sola, pero me ha pillado escalando a tu ventana. 
Casi, casi nos convertimos en amigos pero nos tembló el pulso al vernos.  Casi celebramos nuestro día, pero el calendario nos enseña que todavía, no tenemos. Casi perdemos el miedo a equivocarnos.
Casi consumimos las existencias de suspiros, pero el aire todavía quiere ser viento. Casi aprendo a hacer la vida sin ti, casi te convences a vivir sin mí. Y yo casi te olvido pero, simplemente, no quiero.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Depende de nosotros.

Depende de nosotros. Si. Por fuerte que parezca depende sólo de nosotros. 
De nosotros depende disfrutar el frío del invierno dándote en la cara, disfrutar de tus mejillas rojas o de mis manos templándolas.
Depende de nosotros perder el miedo a un paseo de la mano o a una sonrisa con la cabeza alta. Depende de nosotros mirarnos sin arrepentimiento, olvidando las consecuencias. Sí. Depende de nosotros no temblar al leer ocho letras, depende de nosotros dejar salir los nervios que sentimos al vernos. 
Lo sé, es mucha responsabilidad, pero depende sólo de nosotros. 
Depende de mi, luchar por ti, depende de ti olvidar en casa la careta de cobarde que te pones cuando me vas a ver. Depende de nosotros dejar de mordernos los labios cuando hablamos, depende de nosotros darnos cuenta que no son cosquillas, es una risa continua. 
Depende de nosotros disfrutar de los pequeños detalles sin esperar un plan eterno. Depende de nosotros dejar fuera los quizás, centrándonos en un sí.
Depende de nosotros ver con los mismos ojos tanto al sol como a la luna, porque ya no tengamos que escondernos en copas y noche. 
Depende de nosotros ser todo lo que queramos ser, que si es juntos no hay límites. Depende de nosotros disfrutar de la falta de equilibrio que hay en un "nosotros", depende de nosotros, dejar de contar el tiempo. 
Depende de nosotros disfrutar de los escalofríos que sentimos al acariciarnos. Depende de nosotros darnos cuenta que ser felices no es difícil. 
Depende de nosotros dar un paso sin luego retroceder dos. Depende  de nosotros olvidarnos del mundo. Depende de nosotros arriesgarnos con lo que no conseguimos entender.
¿Sabes? Depende de nosotros, pero todavía no te has dado cuenta por que no te has girado para ver, como te miro cuando cierras tu portal.


lunes, 2 de noviembre de 2015

Y puede ser.

Este miedo que tienes es debido a que nunca te habían querido de esta manera, no me mal entiendas, no quiero decir más. Te da miedo que lo que describo de ti nadie antes lo había visto. Te da miedo este vuelo tan alto, pero sobre todo, tan inesperado, el vértigo que sientes no es a las alturas, si no a volar con los pies en la tierra.
Te da miedo que cuando no te entiendes, la única explicación que encuentras es en mi mirada. Miedo a que cumpla la promesa de hacerte sonreír siempre. Miedo porque hasta en los matices te tiembla el corazón. Miedo a no poder controlarte y un día descubras que en vez de tus ojos, son tus labios los que tocan mi boca. 
Miedo a que mi parte más cuerda sea la de perder la cabeza por ti. Miedo a que tus preguntas se respondan diciendo mi nombre. Miedo a que borre un mes del calendario para que no te tengas que ir. Miedo a no tener las cosas bajo control, a que en una ciudad que tienes de paso haya calles que te hablen de mi. Miedo a que Copenhague suene tan bien que te dejes llevar, miedo a esas veces que te descubres pensando en mi sin motivo. Miedo a que pueda ser y sea, pero sobre todo, miedo a que cuando sea se acabe. 

Y puede que convirtamos nuestros besos en droga sin cura, puede que cuando digamos adiós queramos saltar del mundo, como si este no tuviera sentido si no estamos juntos. Puede que nunca nos olvidemos, puede que sea verdad que se pueda sonreír siempre. Puede que pongamos en entredicho todo lo escrito antes por otros, puede que inventemos nuevas formas de quererse, puede que hagamos de los sueños algo vivido. Puede que haya te echo de menos. Puede que una caricia pueda dar un escalofrío permanente, puede que haya besos que abriguen siempre. 
Pueden ser muchas cosas, otras tantas puede ser que no sean. 
Yo también tengo miedo, no voy a jugar a ser un valiente impasible. Me paso los días aterrado pensando en que todo esto no sea un sueño y seas parte de mi realidad. Pero si eso pasa, yo ato a ese miedo con candado, tu guárdalo en un cajón con llave y que lo que tenga que ser, sea.



martes, 27 de octubre de 2015

Aparecío.

Cómo si de un plan perfectamente preparado se tratase, haciéndose imprescindible en un momento. Con esa capacidad de hacerme odiar las cosas buenas por darles un final, por tener que taparme la boca al asomo de un te quiero por saber que no se puede, apareció ella.
Me obligo a escribir una lista de defectos para ver si así puedo contrarrestarla, para ver si aunque sea sobre el papel puedo con ella; empieza dándome la dosis justa de estar y no estar, siguiendo con la facilidad para hacerme sonreír, sumando la capacidad de ponerme la piel de gallina con solo una caricia y acabando con esas maneras adictivas.
Apareció, mirándome de lejos, sentada entre sus amigas, no sé si estaba unos centímetros por encima o simplemente para mi desaparecieron el resto, fue en ese momento en el que me di cuenta que ella paso a ser ELLA. 
No voy a contar la historia con detalles, tampoco voy tratar de que nadie la entienda, es mía, quizás, también un poco de ella y jamas escribiré tan bien como para igualarla. Apareció y sigue aquí, haciéndome capaz de poner una escalera hasta su ventana o de atar a la luna para tenerla una noche que sea mañana. Apareció y decidió ser mejor de lo que de pequeño me dijeron que buscara. Apareció y me enseñó lo que es tener los nervios a flor de piel, apareció y sacó mi miedo al futuro. Esta es la letra pequeña de su llegada, se irá, tenemos fecha de caducidad. Vivir lejos de mí, probablemente, sea el único defecto que odio de ella. Pero aun a sabiendas, decidimos jugarnos un todo o nada, disfrutando de segundos, apreciando cualquier mirada perdida, retando al destino y viviendo los que unos viven en una vida en lo poco que nos queda.


domingo, 25 de octubre de 2015

¿Sabes?.

Estás en tantas partes que a veces, por la calle, las mujeres me miran con tus ojos. Estás en tantas partes que todas las esquinas parecen la nuestra, estás en tantas partes que si no estás, Madrid parece otra ciudad.
¿Sabes? No encuentro el lugar en el que esconder los nervios cuando no sé de ti, debajo de la cama no caben y perdí la llave del baúl donde guardo las cosas que me dan miedo. 
¿Sabes? No es muy mío esto de usar las horas para pensar en alguien, no es muy mío esto de mover el tablero en vez de la ficha. No acabo de poner en orden todo esto que tengo por dentro y traspasa la piel. 
Estás en tantas partes que si soplas me haces volar.
Estás en tantas partes que me enfado por hacer recuerdos de algo que no ha empezado. Me escondo de mi reflejo en el espejo, a ver si así evito la sonrisa que me has clavado en la cabeza. Siempre me dijeron que hay que subirse al tren cuando pasa o lo pierdes, el mío lo manejas a tu manera, sin entrar en la estación pero asomando los vagones. 
¿Sabes? Estás en tantas partes que hasta los grafitis se han transformado y en todos dice tu nombre. Busco la manera de hacerle el amor a todos los pensamientos que te dedico, busco la forma de que no solo estés si no de que te quedes. 
Estás en tantas partes que te rozo en la lluvia y te toco en la imagen que tengo cuando cierro los ojos. Estás en tantas partes que lleno de tachones lo que te escribo para que nunca lo sepas. Estás en tantas partes que el sol sale contigo y la luna se mete por ti. 
Estás en tantas partes que a veces me pregunto como será querer sin ti, que tacto tendrán las sabanas sin tu cuerpo y a que olerán los abrazos sin tus suspiros. 
¿Sabes? Estás en tantas partes que busco sitios en los que esconderme y solo encuentro callejones sin salida. Estás en muchas partes pero quiero que estés en muchas más.
Y es que estás en tantas partes que cuando asoma un te quiero, inevitablemente es para ti.


lunes, 19 de octubre de 2015

Quiénes eran.

Se miraban gritando en silencio: no te vayas más.
Quiénes eran para negarse otra oportunidad, si todos los días antes de dormir se dedicaban un buenas noches, si cada mañana se les escapaba una lágrima al sentir un hueco al otro lado de la cama. Quiénes eran para no intentarlo, quiénes eran para poner en entredicho al amor. 
Él le contaba que había llorado una lágrima por cada segundo sin ella, ella le describía el miedo a que él la volviera a fallar. 
Él se lamentaba y ella temblaba. 
Él imploraba: "si me olvidas desaparezco, mírame a los ojos, no te miento, entre sueños mis manos desabrochan los botones de tu ropa, sabiéndose de memoria cada centímetro de tu cuerpo, no quiero volver a acariciar otra espalda y si es necesario colorearé los días de noche para que no puedas escapar".
Ella cruzaba sin cesar el pequeño umbral entre el odio y el amor, se preguntaba quién decidía, si ella, su orgullo o el miedo. A veces era sí, otras tantas no. Se le escapaba la mirada a la comisura de sus labios, rogándole un beso mientras con la mano le echaba para atrás recordándole que no se puede ganar siempre. 
Los dos, quietos, se debatían si podían, ya que el quererse era obvio. 
Ella se preguntaba quién era para negarse lo que sentía, si cada pensamiento que tenía, lo tenía imaginándose entre sus brazos. él le juraba que juntos le ganarían a la vida y si nada era eterno, juntos, pararían el tiempo. 
Él pidió clemencia, ella se la dio y juntos demostraron que segundas partes, a veces, fueron buenas.


martes, 13 de octubre de 2015

Tendríamos.

Tendríamos que habernos visto correr, huyendo de lo que no fuera presente. Tendríamos que habernos visto como nos vio la vida, contradiciendo al que inventó la cama para dormir. Tendríamos que habernos visto coloreando la luna. Tendríamos que habernos visto con banda sonora para darnos cuenta que superábamos cualquier escena de película. 
Tendríamos que habernos visto como nos vio la noche, declarando enemiga a cualquier parte de nuestra ropa, tendríamos que haber visto como se reía junto a la luna y las estrellas y nos tachaban de locos por hacer real el amor a primera vista. Tendríamos que haberlas invitado a pasar para que creyeran ellas también.
Tendría que haberte preguntado como dormir sin tu olor. Tendría que haberte ofrecido parar el calendario, tendría que haberte confesado que dormiré viendo tu foto todas las noches, creyendo que así te haré real. Tendríamos que habernos enseñado como se olvida. Tendríamos que haber fingido indiferencia, para convencernos de que solo eramos actores secundarios. 
Tendríamos que vernos intentando olvidarnos las noches de desvelo, tendríamos que habernos visto dejando migas de pan volviendo casa, por si algún día nos da por volvernos a encontrar. Tendríamos que habernos dado cuenta de que éramos capaces de dejar en poco el juego de aquella película francesa, ¿capaz o incapaz?, capaz a enseñarte que los días tristes también se puede sonreír, incapaz a creer que después de esta noche nos pongamos derecho de admisión.
Tendríamos que habernos visto escondiéndonos del tiempo cobijados en la misma almohada. Tendría que haberte llevado un desayuno con diamantes. Tendrías que verme enfadado por no saber cantar todo lo que te escribo. Tendríamos que habernos avisado al besar, ya no volveremos a ir a ras de suelo. Tendría que habernos dado una sobredosis de caricias y jamás habernos levantado de aquella cama. 
Tendríamos que haber sido más valientes y habernos dicho cuando nos teníamos enfrente, ya te echo de menos.



domingo, 4 de octubre de 2015

Déjame.

Déjame enamorarme, déjame fracasar si es que tiene que ser así. Déjame ser yo el que decida si vas a ser tú o no la que escriba sus iniciales en alguna cicatriz. Déjame sentirme privilegiado por elegirte a ti. 
Déjame sonreír cuando escuche esa palabra que es sólo nuestra, déjame perder la cordura, déjame tirarme desde las alturas, déjate caer, que si la caída es juntos aprenderemos a volar sin alas.
Déjame decirte que no estas guapa hoy, porque no lo estás, lo eres y déjame discutir con mis ojos por verte así. Déjame ponerme nervioso cuando vas a llegar, déjame sonreír porque sí. Déjame creer que sólo existe el olvido donde tú no estés, déjame llevarte a un lugar donde no existan amores fugaces, un lugar en el que no haya historias, porque toda historia tiene un final. Déjame llamar épico a lo nuestro, simplemente porque me parezca inigualable. Déjame enseñarte que sin lluvia no hay arco iris y que durmiendo la vida sigue corriendo. Déjame pedirte que no me recuerdes, porque los recuerdos son pasado y nosotros nunca lo seremos. 
Déjame enseñarte que ningún mundo sin ti habría merecido la pena. Déjame elegirte, para las discusiones y reconciliaciones, para invitarte a una copa o a dos, déjame emborracharte para que me digas todo lo que ves cuando cierras los ojos. 
Déjame a mi correr el riesgo de volverme loco para decir te quiero y que sea verdad.



lunes, 28 de septiembre de 2015

Un día como hoy.

Te conocí la primera noche de otoño, las hojas no habían tenido tiempo a caerse ni el sol de oscurecerse. Te conocí vestida de negro, intentando camuflarte con la noche. Malasaña nos presentó en uno de sus bares, de fondo, sonaba música que jamás entendió de modas. La conversación fluyó como si lleváramos una vida entera quedando los viernes en aquel bar. Hacías magia sin truco, suspirabas y me quitabas el miedo a dejar de respirar. Perdimos el miedo a los silencios, los convertimos cómodos entre miradas y sonrisas. Empecé a fantasear con todas las esquinas de camino a tu casa, tus piernas me avisaban que no nos iba a dar tiempo de llegar hasta tu cama. No tenías un detalle que pasara inadvertido, cada uno de ellos mataban la poca cordura que había dejado nuestro primer beso. No es que me estuviera volviendo loco, es que no sabía si iba saber estar sin ti.
Tus tacones fundían mis ojos al verte caminar, el problema no eras tú, el problema es no saberme controlar ante el erotismo de tus caderas. 
Un otoño después, las calles están más tristes y entre lágrimas malasaña me pone otra vez aquella canción, no fuiste tú, fui yo, que se me olvida de repente la forma de querer y la costumbre me hace descuidado. 
Un día como hoy, un otoño atrás, me paraba en todas las esquinas desde aquel bar hasta tu portal. Y hoy lo vuelvo a repetir. Echo de menos que te quedes callada y me mires los labios, echo de menos tus abrazos al escucharme decir "jamás me voy a ir", echo de menos oler a ti. Echo de menos morderte los labios, despeinarte el pelo y que me mojes el alma con besos. Echo de menos tu delicadeza y, a la vez, tu cuerpo de campo de minas. 
Y aquí estoy, un año después, sin encontrar las palabras para decirte que sólo en tu cama fui feliz. 



miércoles, 23 de septiembre de 2015

No, rotundamente no.

¿Te acuerdas de cuando nos despedimos? Yo probablemente todos los días.
Me acuerdo de tus lágrimas rozándome los labios, tu lengua fría y tus manos como imanes. Me acuerdo de la sensación de vacío al cerrar la puerta de aquel taxi, de las ganas de correr detrás y lo impotente que me sentí al hacerlo sin poder frenarte.
Ahora estoy bien, no te lo voy a negar, la vida sigue y he aprendido a vivir sin ti. Nunca más he vuelto a decir te quiero, tampoco he vuelto a tocar una puerta después de salir para que me dieran un beso más. Ahora convivo con supuestos, supuestos sentimientos que al cabo de un tiempo están vacíos y siguen corriendo detrás de aquel taxi. Convivo con sueños en los que te imagino buscándome en otras camas u otros besos. 
Es difícil quitarme la sonrisa, no es porque no te eche de menos, es porque cada vez que sonrío pienso en que puedes estar mirándome y vas a venir corriendo a preguntarme que de que me río.
Convivo con esta manía de esconder tú nombre en todo lo que pienso, convivo con los nervios de pensar lo que fuimos o mejor dicho, lo que podríamos haber sido. Convivo con esa sensación de que jamás volveré a sentir lo que sentí la primera vez que te vi. Convivo con las ganas de estrellarme todos los días en el accidente que fue conocerte. Con estas heridas que no quiero cicatrizar, siempre me gusto tu cara sobre mi piel. Convivo con este cuarto al revés, la cama sobre el techo y nuestros sueños en el suelo pidiéndonos que los conjuguemos en presente. Ultimamente me ha dado por enjabonar a la pared en memoria a tu espalda. 
Pero tú sonríe y que sepas que desde que te conozco siempre corrijo a los que dicen "de Madrid al cielo".
"No, rotundamente no, de Madrid a ella".


lunes, 14 de septiembre de 2015

No te conocen.

No te conocen, los que se enamoran de ti las noches que te arreglas, no, no te conocen, ya hubieran enloquecido al ver que eres aun mejor recién levantada.
Los que hablan de ojos espectaculares refiriéndose a unos verdes o azules, no te conocen, no saben lo que es perderse en el marrón de los tuyos. No, no te conocen, los que hablan de sueños sin darse cuenta que eres de carne y hueso.
No me mires sorprendida, voy a seguir con mis confesiones. No te conocen, los que se tumban en el sofá sin dejarte un hueco, los que preparan desayuno para uno, yo, aunque no estés siempre lo preparo para dos, por si un día te veo aparecer al fondo del pasillo. No te conocen los que esquivan los charcos, no saben de tu faceta de niña y saltar sobre todos los que puedes. No, no te conocen los que no han trepado farolas intentando bajarte alguna estrella.
Antes de conocerte ya te conocía, ya arrancaba flores de camino a casa, pensando en que estarías. Arropaba al hueco de mi cama por si tenias frío, me acariciaba el brazo fingiendo tus caricias. No te conocen los que te halagan con cumplidos fáciles, sin darse cuenta que a veces solo necesitas compartir presencia y un buen libro. No te conocen los que se enfadan con tus enfados, sin saber que lo que pides es un poco de atención. No, no te conocen los que no aprovechan cuando tienen la posibilidad de enredarse en tu pelo, no, no te conocen los que se creen que eres de caprichos caros y no te llevan a por un helado caminando sin destino fijo. No te conocen los que no entienden que es maravilloso sentir miedo a tu lado, miedo a no escuchar todos tus gemidos, miedo a no escucharte cantando en el coche, miedo a no volver a leerte algo de lo que escribo antes de dormir. No te conocen los que no han escuchado tu respiración durmiendo y no te han puesto la mano sobre los labios para comprobarlo por miedo. No te conocen los que no tienen miedo a tus despedidas, yo intento hacerme el sordo. No te conocen los que no sonríen imaginando alguno de tus besos, no te han desnudado los que no tienen que cruzar la pierna al recordarlo.
No te conocen y cuando lo hagan se arrepentirán toda la vida de que no estés a su lado. 



domingo, 6 de septiembre de 2015

Llega septiembre.

Te conocí de casualidad, usabas una mirada tímida, con unos labios que hablaban de todos los besos que no habían dado por ser muy caros. 
Te noté el corazón frío, recién sacado del congelador y me contó que tenías miedo a sacarlo por temor a no sentir.
Te cerré los ojos con la yema de los dedos y te susurré que no existe felicidad sin miedo a perderla. 
Me reconociste ser de las que esperaba el tren en el aeropuerto por el miedo a dejarse llevar, que muchas veces llorabas por las caricias que no te atreviste a dar. Te expliqué que aprendí a base de golpes y que cuando le pides a alguien que se quede, es porque se esta yendo. 
Prometimos intentar olvidarnos cada mañana, para hacer de lo nuestro algo esporádico y empezar cada madrugada la cuenta desde cero. Sin deudas pendientes. 
Eres uno de esos placeres inesperados, como el sol en invierno o las tormentas de verano. 
Te conocí y te aparte el pelo de la cara con una sonrisa, me conociste y me diste un escalofrío al acariciarme la mano. 
No sabíamos mucho el uno del otro, pero nos gustaba perdernos en la misma música, frivolizabamos hablando del amor y de esos locos que decían te quiero de verdad, sin darnos cuenta que estábamos perdiendo la poca cordura que teníamos. 
Llega septiembre y te intento explicar de mil maneras estas ganas de verte constantes, siendo la única acertada que observes esta maldita manía de mis ojos de no apartarse de ti. Y cuando llegue el final, podremos contar en un futuro de aquel amor que fue por aprender a estar juntos siendo libres, contaremos de aquel amor que no duro toda la vida porque la traspasó.


jueves, 23 de julio de 2015

El espejo.

El espejo seguía reflejando Madrid, enseñándome que todo existía antes de ti. Enseñándome que mis besos eran míos y no tuyos, que fueron un préstamo sin intereses. Te diferenciaba de las anteriores por ser todas a la vez, te diferenciaba que no me cansaba de contarte las pestañas. Recuerdo esas cenas en las que te daba por jugar debajo de la mesa o cuando entendí por fin, lo que era tener "nuestra canción". Aprendimos que hay veces que los te quieros son más que dos palabras y supimos darnos lo necesario en cada miedo. 
El espejo reflejaba tu sonrisa en mi espalda y supe, con toda seguridad, que si alguna vez me concedieran un deseo sería tener un dejavú constante de ese momento. Aprendimos a que siempre fuera la primera vez, a que había segundas partes buenas y que a la tercera siempre iría la vencida.
Pero se nos olvidó aprender que nada dura para siempre, incluso nosotros.
Hoy el espejo refleja a otra sobre mi cama, que me enseña que se puede echar de menos sin querer decir vuelve y que vivir es ir perdiendo cosas. 


martes, 14 de julio de 2015

Ven.

Ven, piérdete mientras yo te gano, ven y juega a este juego inacabado. El amor muchas veces empieza así, cobrando sentido cuando vamos perdiendo la partida y no queremos dejar de jugar.
Ven, te voy a dejar ir para que quieras volver. 
Ven y pídeme sábado por la noche una vez al día. Ven, que voy a hacerte el amor con la mirada.
Ven, que aunque no me debería acostumbrar voy quejarme por las horas sin ti, ven y quéjate por la impuntualidad en nuestros sueños juntos. Ven y cuéntame como se ve la luna desde tu mirada, ven, que voy a despertar a tu lado cada amanecer. 
Ven, que voy a besarte los ojos, ven, que tengo un hueco en la respiración para nosotros dos. Ven y déjame darte los buenos días después del final. Ven y dime como me enamoras con defectos. Ven y quédate, incluso las noches que me mandes al sofá, ven y entiende mis celos cuando rompes cuellos al pasar. Ven y explícame como conseguiste ponerle tu nombre a las canciones. 
Ven, pero ven para no irte jamás, es la forma para que yo decida no irme más. 
Ven sin comas, sin suspensivos ni seguidos, ven y que sea un punto y final el elegido.


lunes, 1 de junio de 2015

Volví para verte a ti.

Una noche más, bailando frente a mi, desarreglada de una forma casi perfecta, haciendo de aquel sitio un lugar mejor. La miraba y me ponía nervioso cuando, aunque fuera por casualidad, nuestras miradas recorrían el mismo camino. La noche sabia mejor reflejada en sus ojos, el frío parecía no existir en su piel. Los hielos cantaban al temblar de mi mano, jugábamos con sonrisas, con gestos y con miedos. Parecía que hablábamos todo con la mirada, me acerque varias veces, siempre aterrorizado disimulaba pidiendo una copa nueva. Decidí ponerme a prueba y al ponerse el abrigo fue mi mano la que le recogió el pelo y se lo puso. Recuerdo bien su sonrisa sorprendida, al darme las gracias me advirtió: "disimulas bien, pero ten cuidado con las copas, no se te vaya a olvidar mi cara la próxima vez".
"No, no te vayas, quédate un par de vidas más en este bar, mirándome sin parar", le respondí. 
"Calla, por favor, me vas a poner roja", replico. 
Acabamos con un par de copas más, bailando, jugando a imaginarnos juntos, riéndonos de todo. Le conté que desde la primera vez que la vi no deje de ir a aquel bar, que mirarla un par de horas era la mejor parte de la semana. Me reconoció haber preguntado mi nombre y haberse ido enfadada un par de noches por mi cobardía.
Jugamos a ver quien se reía antes, quedando siempre empate. Se nos escapaban los ojos a los labios, nos íbamos a cualquier otro lugar sin movernos, imaginando no tener que encontrarnos por no estar separados.
Decidió enamorarme por completo: "quiero echarte de menos, espérame, no estoy hecha para una noche, duerme bien, nos vemos en siete días".
Y antes de marchar le confesé: "la semana que viene correremos el riesgo de no ser capaces de irnos cada uno por nuestro lado nunca más, ya no tendré que disimular, no te olvides que volví para verte a ti".




domingo, 24 de mayo de 2015

Doce horas.

Te escribo a escondidas, aceptando mis pecados, reconociendo que intento enamorarme cada noche de otras. Te escribo a escondidas porque no quiero tenerte delante sin un beso entre medias. Te escribo para pedirte perdón por los te quieros, aunque eran ciertos, perdón por no ponerles el matiz del tiempo. Perdón por no contarte que al día siguiente no amanecerías entre mis sábanas, perdón por enamorarme de ti sabiendo que habría un final. Como no iba a enloquecer por ti si recuperaste al niño que se había ido, si nunca antes se me había cortado la respiración por una caricia. Te escribo para darte las gracias por la sonrisa en tu mirada, por enseñarme cosas del amor.
Te escribo para explicarte, que no solo es amor aquel que es para siempre, que también cuenta aquel que te hace un nudo en la garganta unas horas. Te escribo para decirte que ya me voy, perdón por no despertarte, pero no podría aguantar verte otra vez deslizando sobre el colchón sabiendo que no habrá una siguiente. Te escribo a escondidas para que no escuches como me tiembla la voz. Te escribo para reconocerte que no me quiero despedir, pero esto tenia un final antes de empezar. 
Esta fue a la vez la primera noche y la ultima mañana, esto es un amor enfrascado en doce horas. Gracias, por tanto en tan poco, ojalá no te arrepientas de haber querido bajar el sol para los dos.
Ya me voy, te dejo el cafe hecho, me llevo para siempre el tacto de tu piel y una voz que no te quiere decir adiós. 


lunes, 27 de abril de 2015

Que sea ella.

No busco una miss de sonrisa fija, no quiero una 90-60-90, no pretendo un amanecer despejado a diario. La busco a ella, con sus enfados, lágrimas y sus días tristes, la quiero a ella con medidas perfectas pero no estipuladas, la quiero a ella con sus buenos y sus malos días. La quiero a ella, con sus celos y sus déjame en paz. La quiero con sus miedos, su beso tímido pidiendo perdón, la quiero orgullosa negándome un lo siento.
La busco a ella, desarreglada los domingos, sin maquillar, acalorada después de hacer deporte, la busco a ella, roja cuando algo le da vergüenza. La busco a ella con sus te odio, con sus escenas en público, con sus ganas de pegarme. La quiero a ella con sus abrazos cuando no los pido pero los necesito, con su forma de hacerme reír cuando no quiero, con su forma de besar y parar el tiempo.
La quiero a ella, cuando llore y no sepa explicarme porque, la quiero cuando pague conmigo lo que no se atreve con los demás. La busco a ella y los paseos por el retiro, la quiero a ella los domingos en el cine, los fines de semana de viaje y los jueves que trasnochamos, La busco a ella con sus no sin argumento, con sus haz lo que quieras, con su caminar rápido para que la abrace por detrás. La quiero cuando nos enfadamos y sus amigas contestan con ella a mis mensajes.
La quiero cuando me saca de quicio. La quiero cuando nos da la mañana arreglando el mundo, La quiero cuando comemos como locos y no se siente culpable, la quiero cuando me pilla mirando a una niña por la calle y me dice lo fea que era. La quiero cuando cierra los ojos al besarme, cuando estamos lejos y nos ponemos caras. La busco a ella y sus no me escuchas, la busco a ella cuando sabiéndose guapa me pregunta que tal va y yo estoy sin habla. La quiero a ella cuando tenemos que volver a ver una película por no poder terminarla. La quiero a ella cuando poco a poco me va echando de la cama,
Y es que no busco que sea perfecta, simplemente busco que sea ella.


martes, 21 de abril de 2015

311.

Estábamos ante una primavera indecisa, me encontraste guardando bajo llave cualquier muestra de afecto, haciéndome el valiente en esquinas con niñas de algodón. Me encontraste regalando mentiras, defendiendo la teoría de el libre albedrío. No fumo pero llevaba un mechero por si alguna me pedía fuego, siempre tenía reservada la 311 aunque no supiera con quien usarla. Analizaba cualquier gesto, trazando estrategias para celebrar una noche de bodas anticipada.
Me encontraste, jugando a matar a cupido, con aún menos ética que vergüenza. Me encontraste y mirándome con pena, me regalaste una caricia que cambió todo de una tirada. Jamás te prestarías a ninguno de mis juegos, lo dejaste claro sin hablar con un giro de cabeza y la melena al viento. Pasé el resto de la semana escribiéndote, intentando explicarte que no había dejado de temblar, que si hacia falta reencarnaba a cupido para convencerte. Te escribí un par de temas, tres o cuatro versos y más de cien cartas, nada conseguía explicar lo que te quería decir así que acabo en la misma papelera. Madrid se me hacía cada vez más grande sin ti, tu adiós como último recuerdo estaba acabando conmigo.
Te busco en cada calle, suplicándole a las farolas que me hablen de ti, rogándole a los espejos tu reflejo. Esta vez había encontrado a una actriz principal que no me tenia más que en un papel secundario. Esta vez no es la misma historia, esta vez el guión no lo he escrito yo, esta vez no me inventare palabras sobre la luna.
Sé que dejaré de escribirte, me dará terror hacerte real y que seas mejor que entre mis letras. Nos conocimos con diferentes metas, tú buscando la excelencia y yo haciendo pobre al amor. Qué cara me saldrá tu sonrisa, qué barato te regale el corazón.
Pasará el tiempo y yo seguiré esperándote en la 311 con la esperanza de que alguna vez creas que gracias a ti empece a creer en cosas de dos.




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martes, 7 de abril de 2015

¿Que tal estas?.

¿Qué tal estas? Aunque ya lo sé, veo tus fotos cada mañana. Mantienes esa sonrisa que cambió el rumbo de mis ojos. Sé que odias que aparezca de repente, cuando crees que ya me he olvidado de ti, sé que odias que remueva los besos que te di.
Pero cuéntame como te va, supongo que estarás conociendo a otros, que habrán pasado algunos aunque espero que todos acaben siendo nadie. Si, si, no hace falta que lo repitas, ya sé que me odias. Odias la seguridad que le pongo a todo esto, la seguridad que tengo cuando te digo que te echo de menos todos los días desde que no nos vemos. Ha pasado casi un año desde la ultima vez, un año creyendo que eran tus labios cuando me daban un buen beso, rezando que fueras tú cuando me daban una segunda oportunidad. Un año diciendo tu nombre de madrugada, un año conociendo portales nuevos que no son mas que salidas de emergencia, un año brindando con las canciones que te recuerdan a mi. Casi un año sonriéndote en la distancia, sabiéndote lejos en todo menos en recuerdos.
No me odies, simplemente sé que te pasa lo mismo que a mi, sé que vas marcando estrellas cuando pasa otra noche sin vernos. Sé que me lees, sé que entras aquí donde te escribo, sé que lo haces para encontrarte entre lineas, sé que con eso sacias las ganas de decirme: VEN.
Lo nuestro no depende de comos ni porques, simplemente nos falta un cuando. Si te escribo es para que no se te olvide que la vida nos debe una, no me cabe ninguna duda que acabaremos juntos. Lo nuestro es un improbable, no un imposible, fue y se fue, observando en la distancia lo que será. Mientras tanto no pierdas el tiempo, conoce a quien quieras conocer, no dejes de sonreír, que cuando nos volvamos a encontrar ellos no serán nadie y nosotros justamente seremos eso: nosotros.
Nunca olvides que te pienso a diario y que cuando beso en realidad es diciendo tu nombre.



martes, 24 de marzo de 2015

Con cuidado.

Voy a cuidarme de ti, tú que me regalaste abril en marzo. Tendré cuidado los días que te da por saltar en la cama y me contagias esas ganas de ser pequeño otra vez. Tendré cuidado de lunes a miércoles, cuando me da por escribir las crónicas de nuestros bailes, los días en que te dejo elegir el lado de la cama. Las noches en que dejo la ventana abierta por si vienes. 
Voy a tener cuidado contigo cada una de las veces que afirme que las calles están puestas para caminarlas a tu lado, cada vez que crea que las estrellas están para regalártelas, cada vez que piense que tus lunares son para contarlos. 
Voy a tener cuidado, cuando me descubra susurrándole a la luna alguno de tus besos. Los días en que me de cuenta de que sigo acordándome exactamente como ibas vestida el día en que te conocí.
Voy a cuidarme, que nunca se sabe, un día eres capricho y otro necesidad. Voy a tener cuidado porque un día pienso que abril es eterno y otro amenazas con haber llegado para irte. Voy a tener cuidado los días en que te veo sonriendo a través del espejo y me entrego a tu espalda, voy a tener cuidado los días en que te meto competencia en mi habitación y acabas ganando. Voy a tener cuidado cuando quiero decirte: ¿por que no me enseñas a que no duelan tus manos cuando no están?.
Tu cuídate también, los días en que amenazo con cada uno por su lado, los días que te recomiendo alguna canción de Quique. Ten cuidado cuando te hable de ella, la que antes que a ti deje ir por miedo a decirle quédate. Ten cuidado los días que te apago el fuego con el que juegas, los días en que durmiendo echas de menos el roce de mi piel, los días que cambio por garabatos lo que te escribo. Ten cuidado los días que por miedo a una despedida me hago el sordo, ten cuidado los días que no te quieras ir.
Y los dos deberíamos tener cuidado los días en que nos creemos perfectos, en los que nos reímos al mirarnos. Cuidarnos de las tardes de cine haciendo manitas como quinceañeros, de los días que cualquier historia del otro es la mejor forma de pasar el rato. Los días en que hacer el amor es más que placer. Vamos a cuidarnos en los momentos en que nos quedamos sin respirar. Los días en que nos juramos nunca ser amigos por no soportar la idea de no estar juntos, con las tardes en las que tumbados en un parque la vida nos parece mucho mejor. Vamos a tener mucho cuidado con las ganas de llamarnos con diminutivos y con no regalarnos te quieros para no restarles valor.
Y sobre todo ten cuidado con no volver el día que decidas irte y yo haya olvidado nuestra canción.




miércoles, 18 de marzo de 2015

Nuestra condena.

Me llamaban loco al decir que de tu casa a la mía había tres mundos, cuando en realidad nos separaban dos calles. Cuando te vi lo dije, jamás olvidaría esa mirada. Te advertí, si me dejaba llevar tal vez nunca quisiera volver... Lo nuestro era un ida y vuelta. Desesperado preguntaba por la salida y tu, sin saberlo, nos guiabas hacia dentro del infierno. Yo sabía que seríamos esa herida que jamas cicatrizaría, inocente de ti que pensaste que quedaría en un par de noches de cama, desayuno y vuelta a la cama. Cupido nos absolvió de nuestra condena, pero nos encantaba estar encadenados así que a la mínima volvíamos a caer. Yo buscaba alguien que no me diera tanto con un beso, alguien que no me hundiera tocando el cielo. 
Me mantienes la mirada y me declaro en banca rota, apostaría todo lo que soy por otra noche oliendo tu pelo. Te reto a volar, me dices que mejor a ras de suelo, me llevas a tu terreno, donde siendo terrenal eres mejor que en cualquier sueño. 
Me llevas a tu memoria. A esas noches en las que con terror, buscabas en otros esa llama en tu colchón que solo encendía yo, y ellos apagaban. 
Volviendo a empezar, te invito a superar esos tres mundos que separan nuestros portales y pasemos los días enredando te quieros.



martes, 10 de marzo de 2015

Sin letra pero con música.

Nos hablamos con la mirada, intentando decirnos lo que solo nos decíamos en la cabeza. Es cierto que soy un poco caprichoso, uno de esos enamoradizos esporádicos, que llegan a morirse por alguien en un breve espacio de tiempo. Ella arrasa con todo lo que ve y a mi me encantan los terremotos. Admito que es una de esas a las que le daría todo, de esas con las que fingiría una escena mala para volver a empezar el rodaje. Nos bailamos con caricias, reventando por atrevernos a besarnos. Besarla seria uno de esos incendios que no quieres apagar, es una de esas piedras con la que te gusta tropezar, era inevitable, cuando creo olvidarla me doy cuenta que hasta para eso la tengo que pensar.
Es como una lanzadera, subir para disfrutar la caída. A veces me enfría, otras es como una tarde de verano. Nos gusta provocarnos, con un constante tira y afloja, jugando a ver quien es más difícil. Yo le cedo la atención de todas las miradas, ella me complace con cumplidos. Ella me amenaza con volverme loco, yo con irme al despertar. Pasan los días, entre dimes y diretes, esperando el momento de entregarnos a un "a ver que tal". Admito querer denunciar a las compañías de teléfono cuando no tengo noticias suyas, ella me ha echado en cara no ser yo el de la pintada en su paso de cebra. Cada vez queremos más y demostramos menos, cada vez nos comemos más y nos rozamos menos. Cada vez tengo más miedo a las grietas que pueda ocasionar el terremoto de un "duerme conmigo" dicho por su boca. 
Anoche me pillo escribiendo encima de aquella pintada: "tu, yo, sin letra pero con música" y sin pensárselo decidió besarme, dejándome en los labios la cicatriz de sus iniciales.


lunes, 2 de marzo de 2015

Ella y el.

Con una sonrisa que trata de disimular impotencia y melancolía, una sonrisa que se diluye según me va contando la historia. Como si se tratara de Crónica de una muerta anunciada, ya sabia cual era el final.
Ella, con un corazón en pedacitos, mantenía la esperanza de que el mismo de siempre se lo arreglara, sin darse cuenta que solo se lo rompía más. El, con el corazón virgen nunca creyó, no se si por miedo o incredulidad, que alguien pudiera ocuparlo.. Se conocieron una noche de vestido y corbata, una noche en la que Madrid se ilumina. Sin saber como se encontraron hablando, con una copa en la mano, el buscaba el momento de robarle un beso, ella el momento de irse a casa, gano el. En su portal, ella se negó a darle el numero y sin saber como se despertó con un buenos días en la pantalla del teléfono.
Pasaron los días y las casualidades empezaron a tomar protagonismo, de vacaciones y solo unos metros les separaba, ella en el numero once, el en el trece. Cada mañana, ella se despertaba y miraba por la ventana para buscarle, el cada noche le dejaba escrito en nieve un mensaje de buenos días. Una sonrisa tatuada en la cara, pero dejando que el miedo y el orgulloso decidiera por los dos, ninguno daba el paso de un "¿nos vemos?". Forzando encuentros fortuitos sin éxito, una noche de Enero por fin lo consiguieron, con la voz entrecortada, la mirada temblorosa, sin mediar palabra sintieron la necesidad de darse un beso, un beso que les enseño a no dejar que el orgullo o el miedo decidiera por ellos.
Empezaron a dejarse llevar, con esas ganas constantes de saber del otro a cada momento, contando los segundos para el momento de dormir juntos. Y como pasa cuando todo parece perfecto, paso.
El empezaba a creer que el corazón podía ser ocupado, ella que el corazón estaba hecho de una pieza y no de cientos. Pero como decía, paso. Ella, insegura, aterrada de lo desconocido, se encontró con el que nunca llevaba bandera blanca, con el que había hecho de su corazón un puzzle y se volvió a entregar a una causa perdida.
El sintió esa sensación por primera vez de no poder controlar algo, de odiar pero echar de menos. Y como un buen perdedor, se alejo. Ella arrepentida volvió, el no quiso hablar de perdones y se fue para siempre.
Con la mirada perdida, disimulando lagrimas que no caen, me cuenta que ahora solo quedan roces en alguna barra, las canciones que bailaban y las ganas constantes de volver su lado de la cama.
Ella tuvo quien le arreglara el corazón, el alguien que se lo ocupara.



lunes, 23 de febrero de 2015

Sobre vacío.

Y sin saber como ni por que amanecí en uno de esos lunes grises que juegan a hacernos inertes, lunes que rozan de cerca a un domingo a solas. Lunes disfrazados de melancolía. Lunes que me gusta mirar a los ojos y desafinado cantarles algún estribillo, desafiando a cualquier tormenta. Y apareció ella, como si no fuera consigo la cosa, marcando una sonrisa firme, entonando un acento perfecto, destrozando corazones a su paso.
Decido no prometerle la luna si no bajársela, decido no darle un para siempre si no parar el reloj. Y decido acercarme para presentarme, quiero pedirle perdón, perdón por desnudarla sin pedir permiso, por escribirle sin saber su nombre. Le empiezo a contar que al verla los nervios me dieron un par de saltos mortales y que el sol antes de ella no había salido. Le hablo de un hotel en las nubes en el que deberíamos hacer el amor y que al despertar nos podíamos dar un baño en alguna de esas playas a las que prometí no volver por haber borrado sus huellas. Le cuento, también, que me dio por temblar de miedo, miedo de no volver a soñarla al haberse hecho real.
Le cuento que desgaste mis suelas siguiendo un camino en el que nunca coincidíamos. Le enumero todas esas copas que le dedique, todos esas tardes en las que me pareció dormir la siesta a su lado.
Es fácil de reconocer, convierte los días grises en soleados, tiene acento del sur y provoca lluvia de estrellas a su paso.
Así que por favor, si la ven, díganle que la volví a escribir y a dejar el sobre vacío.



lunes, 9 de febrero de 2015

Sin 14 de Febrero.

Querido 14 de Febrero, nunca hemos sido grandes amigos y dudo que lleguemos a serlo. Te pasé más veces solo que acompañado y cuando te festejé fue por lo contrario de lo que presumes. Y aquí estoy, un año más, te acercas, o eso me van diciendo las vallas publicitarias, teñidas de rojo y corazones. Quería decirte lo hipócrita que me resultas, no soy de los que cree en fechas ni en te quieros de calendario. Siempre disfruté más de los besos esporádicos, de los paseos improvisados y de las cenas de ultima hora. Quería decirte que pintas al romanticismo de cursi, restas magia al querer y quemas la esencia de un detalle. Que soy de los que apoya los 364 días restantes del año. Ven, sientate un momento y te voy a ir contando a lo que me refiero:
Resulta que yo prefiero celebrar lo que tu me exiges en un día especifico, cuando se me corta la respiración al verla recién despertada, cuando entro en pánico si amenaza con arreglarse MÁS. Resulta que yo te celebro cuando me da la gana, porque es cuando alguien me quita las ganas de pestañear para no perderme ni un instante de su mirada. Si, tengo esa tonta costumbre de no querer cuando debo, de pasar por alto a quien me ofrece su mano, soy de esos que se enamora de terceros pisos yendo a ras de suelo. Ven, que te quiero seguir explicando, la magia de una reconciliación, de los remolinos en una cama, de no necesitar más aire que el de su respiración. Déjame a lo mio, celebrandote un once de Junio o un siete de Noviembre, déjame celebrarte todos los días de un amor de verano, de un amanecer abrazado o de un martes trece con buena suerte. Déjame celebrarte también en Febrero, pero porque surja no porque te impongas y si es posible con chimenea y poca ropa. Déjame celebrarte escribiendo, que otro año más, me pillas escribiendo de recuerdos, de futuros y de pocos presentes.
No hace falta que te vayas, tu esencia es buena, te fallan las maneras.  Y yo te quiero explicar porque celebrarte mejor los 364 días restantes del año. Porque se convierte en tu día, no el de todos, porque el factor sorpresa entra en juego, porque pocas cosas hacen más ilusión que lo inesperado.
Me despido, deseándote lo mejor en tu día, que a mi me quedan 364 más.


jueves, 5 de febrero de 2015

Si quieres, quiere de verdad.

Cuéntame que sientes cuando estas sola, cuando nadie te retiene por las mañanas. Y sales a la calle, en busca una vez mas de tu día a día, siempre con la mirada en alto, fingiendo seguridad. No sabes muy bien que te vas a encontrar al cruzar cada esquina y reduces la velocidad en cada cruce. Con dos marchas menos giras la mirada, subconscientemente buscas a alguien que te pare la respiración, soñando con revivir con todos esos choques fortuitos que te erizaron la piel en las películas de los domingos. Tus amigas te excusan con frases hechas, infravalorando a los que se te acercaron, a los que te quisieron, dando la razón a tu pánico a sufrir por querer. No soy quien para aconsejarte, ni si quiera sabría ser objetivo, como serlo si es verte y querer que me nombren tus labios. No te lo tomes como un consejo, más bien como una petición: déjate llevar, correrás el riesgo de perder, también de ganar pero nunca te olvides que el fin es empatar, el amor es la excepción de los juegos, en el que se gana cuando se empata. Disfruta de las veces que cierras los ojos a la vez que la persona que tienes enfrente, disfruta de las veces que te da un escalofrió con una caricia. Disfruta de las veces que se para el tiempo, no sientas pánico cuando no te puedas dormir por no parar de pensar en alguien. No te sientas ridícula al releer mensajes, tampoco al descubrirte una sonrisa recordando un paseo por el Retiro. No te sientas culpable cuando sufran por ti, eres irresistible y eso es inevitable.
Insisto, déjate llevar, sin miedo, sin pensar en consecuencias, aunque suene demasiado bien, como cantó alguien en Copenhague.
Y si lo consigues, si quieres, quítate el miedo a sufrir y llorar, las carcajadas te sabrán mejor, la sensación de felicidad sera más plena. Si quieres y es a mi déjame que te cuente el momento en el que cerramos los ojos a la vez, que te narre la vez en que tus sueños pasaron de largo por tu cama para arrugar mis sabanas, que te cuente como un minuto fue suficiente para cicatrizar. Déjame que te cuente las flores que nunca te di y descansan en la papelera de la puerta de tu casa.
Si quieres, quiere de verdad, que lo triste es cuando nos damos cuenta que el olvido existe.


miércoles, 28 de enero de 2015

Juego de egos.

Dicen que tienes miedo a querer, a desafiar la ley de gravedad. Dicen que te pasas las noches a agua para no dejarte llevar. Que tienes miedo a echar de menos la misma voz, a necesitar poco para sonreír. Dicen que tenias miedo a encontrar el equilibrio en los besos de alguien, que temblabas por el miedo a las promesas sin cumplir. Pero a veces pasa, como paso, aquella noche en que decidimos pedir una copa en la misma barra. Calzabas ojos color miel, pelo negro y la facilidad para solo existir tu. Imagine nuestro primer beso, tus ojos cerrados y mi mano acariciándote la cara. Simultanea nos dimos una sonrisa tímida. Sumergidos en una copa para perder la vergüenza y calmar nuestras piernas temblorosas.
Sin buscarnos nos habíamos encontrado, sin alas nos íbamos volando... Tus ojos arañaban y mi mirada dejaba de estar en desahucio. Tu voz me hacia mejor en cuestión de minutos.
Nos despedimos, nos pesaban los labios al pronunciar el adiós, nos preguntamos por la próxima vez y con el corazón en venta nos regalamos un siempre.
Y ante tu recuerdo, cuando me preguntan, les cuento de nuestro paseo de la mano, tu quitándote el miedo a desafiar la gravedad, yo soñando con tus ojos cerrados. También les hablo de lo poco que tengo cuando no son tus labios los que me hacen soñar con un primer beso, les cuento, también, de esta sensación en la que no me importa nada si no es acariciándote la cintura. Hablo con ellos de mis múltiples viajes entre sueños a la luna, esperando encontrarte desde ahí, hablo de que ya no es que no intente volar es que camino a 20 centímetros bajo tierra. Les pido que no me hablen de vivir si no es entre tus piernas y les cuento que a eso lo llamo sobrevivir.
Y mientras tu sigas esperando a que te llame yo estaré esperando a que me devuelvas esa llamada que no contestaste y nos hace seguir este juego de egos por culpa del azar y en el que los dos perdemos.



miércoles, 21 de enero de 2015

No bajarte el cielo.

Mentiría si te dijera que estoy enamorado, si te dijera que no busco el amor en otros labios. No te diré, tampoco, que las hay mejores que tu. Tampoco te diré que conocí a una más guapa y si lo digo, sera acompañado de un pero. No te diré que no miro a otras, pero si que no como a ti. No te prometeré que tus labios serán los únicos que bese, pero si los únicos con los que quiera repetir.
Hace malo allá fuera pero te miento y te digo que el sol ha salido, que esta despejado en mi día a día. Y tu me mientes y me dices que duermes del tirón, que se acabaron las noches apoyada en la ventana acompañada de esas canciones que solo se entienden en soledad.
Y no te hablare de la próxima vez, ni te prometeré que te llevare a ver el mar, tampoco te haré imaginar esas mañanas hablando de los dos. No, tampoco te diré que a todas horas pienso en ti, ni que te quiero, ni que necesito tu buenas noches antes de dormir.
Pero te hablare de todas las cosas que te escribo, de lo que recuerdo tu risa, escondida, mirando hacia el suelo, de lo que echo de menos colocarte el pelo detrás de la oreja, de las veces que mis manos gritan pidiéndome el roce de tu tripa, de como llora mi piel por la falta de tus cosquillas. Te confesare todas las veces que te conté los lunares mientras dormías, también, te confesare, que se me ha escapado algún beso al aire al pasar por tu portal.
Y así ira pasando el tiempo, mientras yo creeré que es mejor no bajarte el cielo y tu entre sueños me enseñaras que ya llegaste a el. 



lunes, 5 de enero de 2015

Te.

Te reconoceré que pienso en ti más veces de las que quisiera. Te reconoceré que tu sonrisa es contagiosa. Te diré que si aunque el miedo sea latente, te pondré al sol por las mañanas, cambiare las estrellas por tus lunares para que la gente no quiera nunca más una estrella fugaz.
Te confesare que cuando me pierdo siempre aparezco en tu portal. Que nuestro banco es incomodo sin ti y que contigo en el las horas pasan sin avisar.
Te reconoceré que el fuego de tus caderas no quema, que en la resaca de tus besos siempre me juro no cambiar de vida.
Aceptare que los domingos sin ti se hacen eternos. Te hablare de mis lagrimas cuando en la cama me giro a abrazarte y la almohada, celosa, me rechaza. 
Te diré que estar entre tus piernas es como un cielo pintado de fuegos artificiales. Te confesare que me tiembla la garganta al pronunciarte lejos, que guardare tus suspiros para siempre.
Te reconoceré que cuando coincido en algún bar con otro que te busca tiemblo de miedo al suponerte también con el.
Te confesare que bailando contigo me siento torpe y que sin ti me siento solo. 
Te contare que me hago el dormido cuando no son tus besos los que intentan despertarme.
Te contare que si tu quieres convenzo a nuestra playa para que se mude debajo de tu ventana. Te explicare como pongo las calles cada mañana cuando voy a buscarte, te dibujare las flores que corto para regalarte.
Te narrare las batallas del sol y la luna por las horas iluminándote. Te contare como me enseñaste a volar sin alas. Te enseñare mi nube favorita, aquella que compartimos sobre tu colchón. 
Te confesare las horas que paso trazando una estrategia para que siempre me vuelvas a recordar. Te confesare que me encanta olerte el pelo y que enredado en el he llegado a parar el tiempo.
Me quitare dias de vida para ofrecertelos por tus noches a solas.
Te envolvere todos los detalles que no tuve y echaste de menos.
Tu prometeme no separarte que si no tendré que confesarte que te echo de menos en cada parpadeo.