lunes, 1 de junio de 2015

Volví para verte a ti.

Una noche más, bailando frente a mi, desarreglada de una forma casi perfecta, haciendo de aquel sitio un lugar mejor. La miraba y me ponía nervioso cuando, aunque fuera por casualidad, nuestras miradas recorrían el mismo camino. La noche sabia mejor reflejada en sus ojos, el frío parecía no existir en su piel. Los hielos cantaban al temblar de mi mano, jugábamos con sonrisas, con gestos y con miedos. Parecía que hablábamos todo con la mirada, me acerque varias veces, siempre aterrorizado disimulaba pidiendo una copa nueva. Decidí ponerme a prueba y al ponerse el abrigo fue mi mano la que le recogió el pelo y se lo puso. Recuerdo bien su sonrisa sorprendida, al darme las gracias me advirtió: "disimulas bien, pero ten cuidado con las copas, no se te vaya a olvidar mi cara la próxima vez".
"No, no te vayas, quédate un par de vidas más en este bar, mirándome sin parar", le respondí. 
"Calla, por favor, me vas a poner roja", replico. 
Acabamos con un par de copas más, bailando, jugando a imaginarnos juntos, riéndonos de todo. Le conté que desde la primera vez que la vi no deje de ir a aquel bar, que mirarla un par de horas era la mejor parte de la semana. Me reconoció haber preguntado mi nombre y haberse ido enfadada un par de noches por mi cobardía.
Jugamos a ver quien se reía antes, quedando siempre empate. Se nos escapaban los ojos a los labios, nos íbamos a cualquier otro lugar sin movernos, imaginando no tener que encontrarnos por no estar separados.
Decidió enamorarme por completo: "quiero echarte de menos, espérame, no estoy hecha para una noche, duerme bien, nos vemos en siete días".
Y antes de marchar le confesé: "la semana que viene correremos el riesgo de no ser capaces de irnos cada uno por nuestro lado nunca más, ya no tendré que disimular, no te olvides que volví para verte a ti".