lunes, 29 de abril de 2019

El camino hasta tu casa.

Pensé en ti. 
Sí, la verdad es que, a veces, pienso en ti. No te quiero engañar tampoco, no sé si a menudo o solo de vez en cuando.
Me pregunto cómo has llegado ahí, en tan poco tiempo, como sin apenas nada a veces te vuelves mucho. 
Y pienso y, lo que es peor, me doy cuenta que me gusta pensar en ti.
Sonrío y desarrollas en mi unas ganas de algo que con ganar no vale. Invento mil trazadas diferentes para que el camino hasta tu casa sea más largo, para que tus ganas de una copa más sean siempre y para que, algún día, ese "quédate" no sea solo cuestión de mi imaginación.
Pienso en ti y me doy cuenta que me muerdo los labios para adormecer las ganas de sentir los tuyos. 
Pienso en ti y aprieto los puños para sentir otra piel entre mis dedos, como si de tus piernas se tratara.
Pienso en ti y en cómo te huelo el cuello cuando te saco a bailar.
Pienso en ti, sí, otra vez, y quizá sea más a menudo de lo que pensaba.





lunes, 22 de abril de 2019

Buenos días.

Buenos días - susurré-.
Ella no estaba, pero no importó, sentía la necesidad de desagarrar la primera hora del día con ella. Necesitaba darle los buenos días. A ella. Solo a ella.
Ella tomaba vino blanco para sonreír, gin & tonic para bailar y tequila para no recordar. Llevaba tacones para demostrar que había perdido el vértigo a caer, bailaba como quien se reserva lo mejor para después y su mirada era de las que había aprendido a morir para vivir mejor.
Con una copa como armadura y aun sabiendo que su disparo seria certero, me descubrí vulnerable, intentando que los míos no fueran al aire.
No me di cuenta cómo habíamos llegado hasta ahí, espalda con espalda. No conseguíamos que coincidieran nuestras miradas. Porque sabía, con la seguridad del que sabe que está a punto de perder la cordura con el siguiente beso, que si conseguía que sus pestañas se entornaran y bailaran hacia mí el mundo volvería a desaparecer tras nuestra única sombra. No habría más música que la suya, la mía, la de nuestros pasos caminando el uno hacia el otro. Porque ella es esa última cerveza en una terraza el primer día del otoño, la primera peca del verano.
Soñé con todas mis fuerzas que su hombro bailara un último twist. Pero ella, que era muy de morir antes de vivir, no encontró el camino. Y seguimos toda una luna así, juntos pero tan lejos… Tanto que hoy al despertarme he vuelto a gritar su recuerdo y maldecir ese momento en que no quiso saltar al vacío de mis ojos.