miércoles, 31 de enero de 2018

Implacables.

El problema no es que me des los buenos días, si no que hagas buenos los días. 

El problema no es que el miedo te congele, si no que congeles el miedo. El problema no es el deseo, es que sin ti no lo veo. 

Tu y yo, que siempre hemos sido tanto de todos y nadas, de a toda velocidad o marcha atrás, nos encontramos en el equilibrio del medio, del si pero también no. De encontrar dudas por miedo a lo implacable de las razones. De buscar excusas para no y temblar ante los si. 

Tu y yo que siempre alardeamos de sinceros, ahora andamos con esta mentira de con cuidado. 

El problema no son los llantos, el problema es cuando son de risa. El problema no es la sonrisa, el problema es cuando es mutua. El problema no es la inseguridad, el problema es que es a perdernos y no tenernos. 

Tu que siempre fuiste de extremos, perdida ahora ante las medias tintas, yo que siempre fui de decisiones fijas, ciego ahora ante la medianía. 

Que esto no se trata de ganar o perder, se trata de querer y poder. Que el problema no es problema, el problema sería si no hubiera solución. 

El problema no es decir te quiero, el problema es cuando reconforta. 

El problema no son los nervios, el problema es que es a vernos. El problema no es si mucho o poco, el problema es que es siempre. 

Tu y yo que no somos nada de despacito y con buena letra, ahora damos falsas lecciones con este poco a poco. 

Tu y yo que somos de mirar las estrellas, ahora con este pánico de coincidir miradas. 

Tu y yo que ansiamos tanto vivir el presente, ahora con la excusa del pasado. 

Que no sé si estamos muy lejos o muy cerca, no sé si esta orilla solo sirve para coger aire y volver a naufragar, pero sé que entre ser contigo o sin ti, me quedo contigo, porque el problema no es el amor, el problema sería no hacértelo más. 




domingo, 14 de enero de 2018

Vetusta.

Vivo del presente, aprendí en una estación que no reconocí como invierno, pero que helaba. 

Aprendí que vale más luchar que ganar, sobre todo cuando no hay vencidos, si no perdidos. Aprendí que tres asaltos en una cama valen más que mil respuestas. 

Aprendí que ser feliz, siempre tiene que ser una prioridad, por sencillo que parezca, muchas veces perdemos esta perspectiva. 

Aprendí que mirar hacia un lado solo nos lleva a chocarnos, que el olvido no siempre existe y que el tiempo solo calma, no cura. Aprendí que lo que cura es aceptar y enfrentarse, pero sobre todo querer curarse.

Aprendí que hay canciones que no suenan, si no que aprietan. 

Aprendí que hay miradas que notas hasta de espaldas y miedos que no alejan, si no que acercan. 

Aprendí que las personas no cambian, solo se gestionan mejor. 

Aprendí, que desaprender para volver a aprender, hace que te des cuenta que no lo sabías bien.

Aprendí que no vuela el que quiere, si no el que sueña. 

Aprendí a sonreír más, aunque a veces duela, hay que saber disfrutar hasta de lo malo. Aprendí que el dolor es inevitable, pero que sufrir es opcional. 

Aprendí que hay para siempres reales y nuncas inexistentes. 

Aprendí que hay olores que no se olvidan, besos que nunca se dejan de dar y caricias que no se borran de la piel. 

Aprendí, sin saber que lo hacía. Aprendí que me queda mucho por aprender, pero que no hay mejor lección que dejarse llevar, aunque Vetusta me diga que suena demasiado bien.