domingo, 28 de diciembre de 2014

Nos burlamos.

Nos equivocabamos de cuarto a la hora de dormir, tu en el tuyo y yo en el mío. Con la distancia como enemiga, compartimos insomnio para sentirnos cerca.
Hagamos de esta batalla un juego, uno en el que nos burlemos de cualquier obstáculo. Ven y dame un beso, o cien, pero ven. Ven y vete, pero siempre para volver a venir. Enfadate y déjate abrazar, pero vuélvete a enfadar que yo me quiero reconciliar. Mirame tímida, distraete mirando a las estrellas, pero vuélveme a mirar, que si no les declaro la guerra. Enamórate, de las noches de verano, de las chimeneas en invierno, de los paseos en otoño, de los atardeceres en primavera, de los besos infinitos, de las miradas provocadoras, de los detalles a deshora, pero enamórate todos los días también de mi.
Coge la luna y apaga el sol, desnúdame con un te echo de menos mientras yo te enciendo el corazón con un te quiero.
Escribe la letra pequeña, sin peros ni contraindicaciones, solo con canciones que sean nuestras.
Llama al frió y dile que hiele, desesperado se ira al ver que nunca podrá con el edredón de mis abrazos.
Cree en el azar, en el azar de un para siempre. Lee en alto todas las cartas que no te he escrito pero que te dije entre caricias.
Mientras yo iré sacando un sofá a la calle, para que juntos veamos las horas caminar, abrazados, como si la vida fuera una película de la que nos burlamos al verla pasar.
En resumidas cuentas: baila conmigo, también sin mi, ríe a carcajadas, que la felicidad es eso, pero también llorar sin casi respirar, disfruta sin olvidar que también se debe sufrir, grita de pasión, besa sin permiso, abraza sin perdón y no te olvides que yo contigo solo puedo sonreír.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Leyendo.

Como pasar hojas de un libro y darte cuenta que no has leído nada, como caminar sin pensar en el camino. Me di cuenta que improviso siempre que te veo, me dejo llevar por cada una de tus miradas y me imagino bailando sobre tu ombligo y a tus labios diciendo que sí. 
Siempre fui un poco miedoso, pensaba que en el amor no se caía de pie, que era mejor rellenar una agenda que agarrar siempre la misma mano. Me perdí en amaneceres, escondiéndome entre barras de bar y copas vacías sin saber qué era eso de soñar despierto. Destrozando vestidos, desabrochando obstáculos y desnudando palabras fui engañando a lunas que no se daban cuenta que eran llenas, de vez en mes.
Pasaban las horas, tú volabas por Nueva York, yo caminaba en Madrid, pensándonos lejos sin darnos cuenta que antes de dormir nos soñábamos juntos. Entre dudas e improvistos tu siempre aparecías, como un día escribió Silvio, con la palabra precisa y la sonrisa perfecta.
Mis labios preguntaban por ti y evitando la respuesta mis ojos se dirigían a otros para encontrar alguna solución barata a la ausencia de tus besos.
Aunque siempre oculte mis ganas de verte, cerca de ti empecé a creer que no todas las caídas dolerían igual y use aquel libro que pasaba sin leer como diccionario para escribirte lo que sobrio jamás sería capaz de decirte. Y es que cuando se trata de ti, cualquier resultado es infinito aunque se multiplique por cero. 


lunes, 24 de noviembre de 2014

Pongamos.

Hablemos de futuro, de una historia que no existe, aun. Pongamos que te digo, si, a ti que aun no te conozco, que te voy a dar un beso. Pongamos que nos descubren, caminando de la mano, como si nos quisiéramos mas allá de cualquier pero, pongamos que sonreímos porque si.
Pongamos que antes de ahogar nuestras penas brindamos por nuestros fracasos, burlándonos de cualquier pasado.
Imagina que te miro a los ojos, imagina que te acaricio la comisura de los labios y te digo que si. Imagina que cambio balas por flores, que cambio la palabra mujeriego por tu nombre, que nos enseñamos a ser felices debajo de un edredón.
Pon que cada vez que llueva salimos a bailar a la calle, pon que cualquier excusa sea buena para abrazarnos. Pon que vuelves a temblar al ver a alguien, pon que cada vez que te sientas insegura ves a alguien que te ve como la más guapa de Madrid. Pongamos que dejamos todas las película sin final, negándonos a que lo nuestro también pueda acabar.
Pongamos que me haces más humano y sufro cada vez que me dices adiós. Pongamos que nos conocemos accidentalmente, como en las canciones que escuchas nostálgica, pongamos que nos miramos fijamente y te invito a volar. Pongamos que hablo de ti como "ella", pongamos que te menciono en cada una de mis caricias, pongamos que no me canso de mirarte al dormir. Pongamos que empiezan a escribir canciones con nuestra historia y nos mencionan como aquellos locos ilusos que creyeron enamorarse para siempre.
Mientras nos buscamos en la barra de cualquier bar, pongamos que hablamos de nosotros, aun sin conocernos.


viernes, 14 de noviembre de 2014

No es un juego.

Hay mañanas que amanezco con alguien de la que no recuerdo el nombre, cuando me despido no se que decir, cuando se van echo de menos no salir corriendo a robar un ultimo beso. Me aseguro que se han ido y golpeo la almohada frustrado repitiéndome que yo no te pensaba tanto, preguntándome que ha cambiado, porque estas en cada beso que doy, en cada piel que toco, en cada suspiro que regalo, pidiéndote que llenes esas despedidas al amanecer.
Y me paro a pensar, en todas esas escapadas furtivas, en esos abrazos entre coches para que no nos vean, en los juegos de miradas de lejos. Esto no es un juego, dejo de serlo en el momento que te despiertas pensando en mi, no es un juego cuando buscas mi olor entre la gente. Dejo de ser un juego cuando seria capaz de comprar media vida para darte la mía y la que me sobra, dejo de serlo en el momento que no cuento los sueños por miedo a que no se cumplan.
Y si, hay mañanas, en las que amanezco en otros brazos pero al instante me doy cuenta que es vacío cualquier roce que no sea el de tus manos. Pero sigamos disimulando, dándonos escalofríos con caricias prohibidas, inventando un juego sin reglas, haciéndonos daño con besos clandestinos, sigamos jugando a matar sonrisas. Sigamos callando nuestras miradas, durmiendo lejos, quedando en el cuarto sueño, el que haríamos eterno si no fuera por miedo.
Hoy te regalo un final con puntos suspensivos, mañana puede que entendamos que esto no es un juego y nos sobren dos...



lunes, 3 de noviembre de 2014

No es mi acierto.

Un chica que caminaba a mi lado por la calle se encendió un cigarro, la quise besar, por el recuerdo a tus besos, mezclados con chicles de menta y tabaco.
Hay días que se que miras tu teléfono cada rato con la esperanza de tener una llamada mía, se que miras hacia atrás con un cosquilleo en la tripa por si me acerco a darte un susto. Se que sales de la ducha y esperas ver en el espejo un te quiero escrito con el dedo. Hay otros que no se de ti y me vuelvo vulnerable.
Te enredaría todas las mañanas en mi edredón para que no pudieras irte, te encerraría entre mis brazos para que no quisieras moverte.
Contigo es jugarse cada noche a una carta, contigo es apostar por el riesgo constante, eres las incertidumbre en mi sonrisa, asustas y enloqueces. Se quien eres, soy adicto a ti no al tu que otros ven de ti, yo seré quien quieres, dejándome llevar cuando te quitas el miedo a perderte en un nosotros.
Y te confieso al oído que no es un acierto mio hacerte sentir especial, es un fracaso de todos los demás no haberlo conseguido con lo fácil que lo pones. 
Duérmete ya que es tarde, yo voy a convertir al mundo en nada, comparándolo contigo.




sábado, 1 de noviembre de 2014

Tu noviembre.

Me ofrezco a ser tu noviembre particular, tu árbol desnudo ya sin hojas, tu abrigo contra el frío, tus primeras bufandas. Me ofrezco a sentirme un niño contigo cada vez que nieve, a ser el vaho de tu respiración con el frío. Me ofrezco a ser tus días de peli y manta. Te mandaría mi CV pero tengo que admitir falta de experiencia a la hora de querer, no hablo muy bien el idioma del amor y me gradué con nota poco destacable en el arte de dejarse llevar. Tengo otras cualidades que no se escriben sobre papel, se demuestran con el paso de los días. Tome un curso sobre desayunos a la cama, hice unas practicas en juego de manos, estuve de becario en un despacho de abrazos, a distancia estudie sobre caricias y me dieron clases de colorear los días grises.
En otros noviembres no tuve la paciencia para llegar a diciembre, esta vez, te prometo perseverancia y paciencia. Prometo dejarme llevar, dejar de esconder mi lado romántico, prometo quedarme los viernes que estés cansada en casa contigo. Prometo ser impredecible, tatuarte una sonrisa y mandarte flores los días que no sean una fecha marcada.
Quiero que seamos un noviembre con verano, un noviembre permanente. Quiero ser un mes para siempre en tu vida.



domingo, 19 de octubre de 2014

Disfrazado.

Siempre jugué a ser el valiente, el que no siente, el que mira con desdén al amor. Siempre aposte a querer con medidas, a probar distintos besos para no engancharme a unos labios específicos. Siempre fui de mirar a los ojos para mostrar seguridad. Y llegaste tu, manteniendome la mirada, preguntándome sobre mi yo de verdad, descubriendo mis mentiras, desnudando al soberbio insensible que pretendía conquistarte sin saber que estaba siendo al revés.
El problema es cuando llegan los domingos y el valiente se convierte en un cobarde, que quiere saber donde estas, maldiciendo el inoportuno momento en el que se fijo en ti.
Y tu, peor que un trozo de hielo, sigues sabiendo como tenerme ahí, sigues echándome de menos pero ocultándolo para ver si así consigues hacerte inmune a los recuerdos, hasta que se te contagia la risa en la memoria, pensando en aquellas tres noches cuando el mundo entero se nos hacia pequeño, cuando entre besos conseguíamos caer de pie.
Disfrazado de valiente, te confieso que yo también pienso en ti y que enmascarada entre palabras siempre apareces en todo lo que escribo.
Nos vemos pronto, que los minutos sin ti saben eternos.


domingo, 5 de octubre de 2014

La deuda.

El pelo recogido, me sonreías desde la otra punta de la barra. Me acerque a saludar, me debías un baile y una fianza, quería cobrar la deuda. No me hables de cielo, ni de infierno, no me digas que no, coge mi mano y suéltate el pelo, esta noche te vuelvo a hacer mía. Llevo semanas preguntando qué es lo que le falta al cielo de Madrid, al verte he entendido perfectamente porque lloran las estrellas y la luna me arropa cada madrugada. Vengo mejor preparado que la última vez, me diste unas semanas y cerca de cien besos, a cambio yo te deje el corazón de fianza, esta vez bailo contigo y después vemos, no me gusta eso de andar con el pecho roto.
Cuando te toco todo parece desaparecer, solo existes tú y ese lugar en el que te haces pasar por mía. Prometo más te quieros y me pides más vuelos en el viento, siempre pides un imposible y me quitas horas de sueño para dártelo. Y seguimos en la pista de aquel bar, me das la espalda y me colocas las manos abrazándote la cintura, te susurro que para mí eso es mejor que volar, que en el cielo no está el límite. Sonriendo me explicas que estabas disimulando para que no me diera cuenta que repetirías ese momento todos los días de tu vida.
Una noche más, bailando abrazados, nos volvimos a creer que lo nuestro no acabaría jamás.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

No le cuentes a nadie.

No le cuentes a nadie que se me olvidó confesarte que eras mis noches de insomnio, que parabas el tiempo si no me mirabas. No le cuentes a nadie que gaste más tiempo del que imaginan en ver tus fotos y menos aún les cuentes que todavia lo sigo haciendo.
Yo prometo no contar que me conociste con un corazón nuevo y ahora te vas dejándolo agrietado, prometo no contarles que eres la causa de mis nervios, de las decisiones erróneas, que quererte se convirtió en una maldición maravillosa, tampoco contare que tus ojos deberían ser acusados de asesinato. Prometo no contar todas las mentiras que dije para verte, no confesar las excusas que utilice para fingir encuentros fortuitos.
Por favor,  yo prometo no contar nada, pero regálame media noche, que como canta Andres Suarez no sabes lo que te miro a escondidas. Se que te asusta hacerlo, se que sabes que en las distancias cortas no puedes decirme que no, mi sonrisa vence a tus miedos y me hablas de una vida y media juntos.
Te prometo que después de esa medía noche no volverás a tener que agachar la mirada para esconder las lágrimas, prometo dolores de tripa por la risa, abrazos interminables, canciones nuestras, enamorarnos de un atardecer, llevarte en brazos cuando te duelan los tacones, darte un beso cuando estés enfadada y acariciarte el pelo cuando no puedas dormir.
No le cuentes a nadie que me tienes desvelado, imaginándote a mi lado.


lunes, 25 de agosto de 2014

Aquel banco.

El miedo iluminado en su mirada, me reconoció tomar decisiones basadas en inseguridad. Sentados en un banco se nos hizo de día, acariciaba su pelo mientras hablábamos de futuro sin centrarnos en el presente. Consolaba mis fantasías con sonrisas, llenaba mis delirios con caricias. Le hice el amor en un instante, sin quitarle la ropa, a un metro del suelo y creyéndonos eternos.
Aprendí que vivir era estar a su lado, me enseño que un beso puede ser para siempre. Y como me había avisado, cerro su portal, incrédulo llame a la puerta, ella estaba dentro, yo fuera y no me salían las cuentas... Sin quitarse la sonrisa me lanzo un beso y leyéndole los labios supuse un: nos vemos pronto, ha sido un amanecer maravilloso, te olvidaste que baso las decisiones en mis miedos.
De golpe perdí aquel metro de altura que había ganado al hacerle el amor en aquel banco en el que se nos hizo de día, en el que sin quitarle la ropa la supuse desnuda. Demoledor el recuerdo de su mirada diciéndome adiós, de sus labios lanzandole un beso al aire.
De vuelta a mi casa, echando la mirada atrás, buscándola entre melenas rubias y ojos marrones, me pare en aquel banco, le propine un par de patadas y maldije la capacidad de aquella niña que consiguió dar y quitarme todo en un mismo amanecer.



jueves, 21 de agosto de 2014

Perseverante.

Buscaba tenerte entre mis brazos y sentir que todo este tiempo queriendo verte no había sido en balde. La perseverancia por la que me caracterizo actuaba en su máxima exponencia. Había mañanas que me despertaba y me repetía, abre los ojos, esta lejos de ti y ella hoy no se ha despertado pensando en ti. Había noches que castigaba a mi almohada por no oler a ti y ella desconsolada me decía, nunca estuvo aquí. Pero había días que cambiaban todos esos momentos de terror, había días en los que una palabra tuya bastaba para quererte para siempre. Había días en los que sabia que jamas me cansaría de darte las buenas noches, que nada me quitaría la sonrisa al darte los buenos días, era tan simple como eso.
Trate de quitarte más de mil veces de mi cabeza, tantas como las que fracase, tantas como las que alguna canción decía tu nombre entre acordes, tantas que decidí no volver a escuchar música para no perder la cordura. 
Y aquí estoy, un tiempo después, sabiéndote guapa, sabiéndote lejos, imaginado tus besos, sin perder la sonrisa en cada buenos días, sin cansarme de darte las buenas noches. Te avise un día, soy perseverante y no parare hasta que entre mis brazos pueda decirte: no me arrepiento de todo este tiempo muriendo por tenerte, nunca imagine un mundo sin ti.



sábado, 16 de agosto de 2014

Miedo a su miedo.

Su mirada pintaba miedo y su voz enloquecía cuando las copas de más la desinhibían. Me contaron, en un descuido, que entre amores nunca había caído de pie y le aterraba la idea de descuidarse y volver a caer, precavida ahora siempre se andaba con ojo y no tendía su mano a no ser que le dieras el brazo. Y mientras ella evadía, evitaba y se divertía, yo temblaba de frio y juraba mantenerla en pie siempre que cayera conmigo. Me atrapo con sus defectos, los que a su vez hacían mayores las virtudes, era de esas que cuanto más conocías menos veías los primeros y más las segundas.
Su mirada no era cualquiera, aunque no sabría bien describirla podría decir que era de aquellas que tienen miedo y necesitas cuidar, de aquellas que tiemblan si empiezan a sentir, de aquellas en las que ves a través.
De dos tragos largos me termine la segunda copa, me dispuse a dar un paso más: volví a por la tercera al darme cuenta que había sido en falso, tenía una coraza que repelía cualquier intento de cariño. Le odie tantas veces como la necesite, la evite casi las mismas que la busque.
Recuerdo un momento, mientras balbuceaba por los nervios que arañaban los pocos centímetros que había entre su cara y la mía, la miraba fijamente, alternaba ojos y labios, ella siguió el mismo recorrido y yo me envalentone, pero algo me paro, puede que el miedo a su miedo o el miedo a quererla para siempre o a lo mejor fue el miedo al rechazo, pero me detuve en seco, sonriendo para esconder lo frágil que me hacía sentir.

Y algún día, tal vez, pierdo el miedo a su miedo y sonriendo le enseño que en el dolor está el valor de la felicidad, a lo mejor consigo explicarle que por ella me haría experto en el arte de hacer reír, fabricar alas para no caer o curandero para sanarle todas las heridas que todavía no cicatrizo. Y tal vez, llegado ese día, entre sonrisas y nervios volvamos al recorrido entre nuestras caras y con un beso pueda escribir otro final.



martes, 5 de agosto de 2014

Tienen razón.

Tienen razón todos aquellos que hablan con frases hechas, llenas de nada, dando consejos sobre amor basándose en libros, citas sin haber conocido lo que es irte a dormir con un nudo en el estómago. Y tienen razón, porque la teoría siempre fue más fácil que la práctica, si no todos empezaríamos trabajando y acabaríamos estudiando. Es fácil aconsejar sobre la forma correcta de querer, sobre cómo olvidar, incluso es fácil aconsejar sobre como dejar de sufrir.
Pocas fueron las veces que lleve a la práctica todos estos consejos de eruditos del amor sin haberlo sentido. Quien sintió el amor nunca te diría que el tiempo cura todo, porque aunque tengan razón cuando hablas de tiempo solo lo quieres ver pasar a su lado. Quien sintió el amor nunca te diría no caigas, no vuelvas a sus brazos, porque cuando hablas de caer solo te viene a la cabeza el precipicio de sus ojos, cuando hablas de brazos solo piensas en los tuyos rodeando a esa persona. Cuando te dicen que hay muchas más personas en el mundo por conocer no se dan cuenta que no necesitas a nadie más que a esa persona, tu felicidad se refleja en cada una de sus sonrisas.
Pero tienen razón, sus consejos son ciertos, el tiempo cura las heridas, caer solo nos debilita,  sus brazos nos hacen vulnerables y hay mucha más gente en el mundo por conocer.
Siempre fui muy cabezota, acepto pocos consejos y menos en este aspecto… Últimamente cuando me aconsejan sobre amor les contesto siempre lo mismo: “¿alguna vez has visto solo una vez a una persona y sabido que no volverías a dormir igual sin ella?”. ¿No? Entonces sigan leyendo teorías sin saber lo que significa querer despertarse cada mañana al lado de la misma persona por poco que la conozcas.


  


jueves, 24 de julio de 2014

Contando besos.

Te miro con los ojos temblando... Te voy a contar los versos que te escribo por cada beso que nos dimos, voy por el 114, aquel que nos dimos amaneciendo en Barcelona. No te hablo de los primeros, inocentes los creímos pasajeros. Me sonríes sincera, con esa mueca que dices solo yo te se sacar... Y te cuento del 87, te calle mientras me gritabas por esa convicción de que a otra le dedicaba los suspiros que eran solo tuyos. Me recuerdas el 13, en tu portal, contando estrellas. Y me viene a la cabeza el 21, después de una partida a los bolos. 
Mención especial a nuestro primer buenos días, entre sabanas, contábamos el 48, esa misma mañana sumamos hasta 60.
Y te aparto el pelo de la cara, para verte sonriendo, con el 92 en la cabeza, después de aquel tiempo separados que se nos hizo eterno.
Entre carcajadas escribo sobre el 81 y 82, me los dabas para evitar que siguiera fingiendo entre pasillos del super que estábamos en una pista de baile.
No voy a entrar en detalles, tampoco puedo enumerarlos pero los de reconciliación sabían distinto. El 111, anocheciendo viendo la Almudena desde las Vistillas. El 9 y 10, en nuestro primer cine.
El primero de todos, nerviosos, con alguna copa de más. El ultimo con la misma piel de gallina y un te quiero escondido entre los labios. Y dejo de contar por el miedo a todos los que no nos vamos a dar.





martes, 15 de julio de 2014

Te lo dije.

Me vas a odiar... Cuando pasen las mañanas y sigas despertándote queriendo darme los buenos días. Me vas a odiar cuando creas verme y se te acelere el corazón, cuando alguien huela a mi y lo gires para ver si tiene mi sonrisa. Me vas a odiar, cuando bailando no encuentres mi mano para acompañarte. Me vas a odiar cuando ningún beso sea mejor que el mío. Me vas a odiar cuando todos se acerquen a hablarte de tus ojos sin ser capaces de mirarlos fijamente. Me vas a odiar cuando necesites mirarme a los labios a escondidas. 
Me vas a odiar cuando te arrepientas de que el miedo decidiera por los dos. Me vas a odiar cuando mirando al espejo te descubras una sonrisa acordándote de mi. Me vas a odiar cuando eches de menos mis manos acariciándote la cara. Me vas a odiar cuando mi nombre te ruborice. Me vas a odiar cuando quieras gritar que necesitas verme. Me vas a odiar cuando cada noche antes de dormir releas todo lo que te escribo. Me vas a odiar como me repetías constantemente, pero me vas a odiar por no poder parar las ganas de quererme.
Me vas a odiar cuando nos volvamos a ver y temblando  me veas acercarme, sonriéndote y te susurre "¿en que piensas? Te lo dije, nos veríamos pronto".
Y yo... te voy odiar, te voy a odiar todos los días por no enseñarme a no tenerte.

jueves, 10 de julio de 2014

Un juego con V de derrota.

Puse dos reglas a sabiendas de que perderíamos, la primera; no enamorarnos, la segunda; no mirarnos a los labios, empezaste tu perdiendo la segunda y yo a continuación la primera. Añades una tercera; no besarnos. Te miro a los labios, te acaricio la cara, me acerco lo suficiente para verte cerrar los ojos, te noto nerviosa pero me sonríes, aceptas el juego y te quedas quieta. Nos separan cuatro centímetros y las reglas ya no sirven de nada. Perdemos, nos dejamos llevar acompañados de un beso que rogamos interminable. Nos quedan horas juntos y un para siempre en entredicho.
Te prometo no olvidarte jamas, me prometes dormir con mi nombre entre tus labios y el miedo a despedirnos se adueña de nosotros, me tiemblan las manos y no se como hacerte saber que jamas podría decirte un adiós, solo si viene acompañado de un nos vemos pronto.
Cada mañana un buenos días que acaba en un buenas noches. Imagino tu respiración, el peso al llevarte en brazos, el tacto de tus caricias o el calor de tus abrazos. Tu mirada en las fotos me habla de todo lo que no conozco de ti, de aquello que soñabas, de las cicatrices que tienes cerradas, de los recuerdos que aun te duelen. Tus ojos tiñen de claro cada una de las sonrisas que me pintas cada vez que hablamos.
Nunca sabrás de las veces que te escribo, de las canciones que nunca te cantare pero te compuse, nunca te hablare de los suspiros que me provocabas al colgar.
En cada paso que doy suenan tus preguntas, cada cosa que hago la hago pensando que estas tu enfrente analizando cada uno de mis movimientos.
Miro a mi lado y ya no estas, te imagino con la mirada perdida y te pregunto: "¿en que piensas?" pero nadie contesta, tiemblo y me repito: nos vemos pronto.


martes, 17 de junio de 2014

Con esos ojitos...

Descubrí a mi sombra llorando y me dio por reír, guardaba y miraba una foto que te hice a escondidas para no olvidar jamas tu cara. Me declare culpable de sus lagrimas y volví a buscarte.
No vengo solo a conquistarte, vengo a decirte que me quedo, a besarte por primera vez, a que usemos mi sombra como manta.
Ayer me reía de las parejas a las que sentados en un banco se les pasaban las horas sin pestañear, ayer salía en busca de aumentar mi agenda con una colección de promesas caducadas. Ayer en los espejos solo veía mi reflejo y las películas eran una excusa en vez de un preliminar.
Tu me hablabas de que había infinitos más grandes que otros y aunque yo quería avisarte de que se puede romper un corazón con otro roto, te miraba y sabia que esos ojitos eran mi próxima cicatriz.
Maldije a Lady Madrid, me prometió ser la reina de los tejados cuando eres tu. Cada vez que me sonríes con esos ojitos me gustaría disfrazarme de Paco Bello cambiar su pasado por mi presente, reescribir su canción y decirte: "no sabes cuanto te estoy queriendo".
No te imaginarias la batalla en la que entro cada vez que te llamo, te reirías de mi si supieras las peleas que tengo con el teléfono, suplicándole que seas tu la que enciende su luz.
Tus labios rojos, tu mirada infalible, me hacen querer confesarte que podría enamorarme de ti al menos esta vida entera.

lunes, 28 de abril de 2014

Estrenaba sonrisa.

Estrenaba sonrisa, vestido y tacones. La primera la usaba para enamorar, el segundo para seducir y los terceros para provocar; caí en las tres trampas. Lo primero que me contó fue que tenía, también, corazón nuevo. No estaba dispuesta a gastarlo pronto, pero decidí subirme a la montaña rusa de su verdad y de sus miedos. Incrédulos, los dos, jugábamos a echar pulsos al amor. Cocinábamos a fuego lento cada proposición, movimiento y caricia. Me metí un par de te quieros en el bolsillo, por si en algún momento me hacían falta. Le cargue el bolso de excusas por si alguno de mis enemigos llegaba con una jugada maestra supiera como decirles que no, recordando alguna de mis caricias. Unas veces quitábamos las calles, otras las pintábamos, a veces nos revolcábamos por el suelo, otras levitábamos en una cama. Muchas noches poníamos el sol, perdimos miedo a las mañanas. Convertíamos los días en noches en vela, los besos en obras de arte. Nos encantaba fingir encuentros fortuitos, pasar las horas bailando. Fuimos usando el corazón, quitando excusas. Poco a poco fui quitándole el vestido, los tacones y el miedo a sonreír porque sí. Le dije que le leería un cuento antes de dormir las noches de tormenta, ella me prometió enseñarme a parar los relojes. Pasaron los días y dejamos de vernos…. Yo aún recuerdo a aquella niña que me despertó el corazón, usaba vestido corto, tacones altos y sonrisa implacable, aún recuerdo las trampas en su pelo. Se que ella aun recuerda a aquel chico que le enseño a caminar sin tocar el suelo, que sacaba te quieros del bolsillo, a aquel chico con el que ponía y quitaba el sol, a aquel chico con el que estreno, de nuevo, el corazón. Y sé que algún día fingiremos otro encuentro por casualidad y pasaremos las horas bailando, sonriendo porque sí.


martes, 8 de abril de 2014

Subido en tus sabanas.

No te voy a enseñar el cielo, lo inventaste tu. No te voy a llevar flores, se caen a tu paso. No te voy a prometer un corazón intacto para siempre, pero si cicatrizarte cada herida. No me escapare, estaré detrás de ti, mirándote fijamente. No te hablare de mañana ni de ayer, te enseñare que hoy ha amanecido despejado y podemos salir a jugar. Mientras te escribo, me he puesto a mirar tus fotos y he recordado que nada colorea las noches como tu pintalabios.
Empieza el calor y llegan tus vestidos, se van las trampas a mis manos. Me llevas en tus tacones, tus piernas son más que una tentación y nos perdemos bailándole al sol. La temperatura sube y los días son mas largos, nos quitan horas de noche y en huelga cerramos las persianas. Trasnochamos, subidos en tus sabanas, sin más abrigo que esa sonrisa inevitable. Mirándote desde el espejo del baño me pregunto si habrá algún regalo igual que tu despertar.

Apuro el paso hacia tu casa, cualquier segundo perdido pesa casi como las despedidas por la mañana. A mi paso se cruza toda esa gente que nunca probara la perdición de tus besos, desafiante, les miro con ese desdén de tener lo que todos querrían.
Caminas presumiendo ese color que da el verano, los ojos bien marcados y el pelo al viento, pocos cuellos se resisten en tus apariciones.
Por un rato me gusta que me sientas tuyo, te doy la mano y te miro sonriendo, a veces, en cambio, me gusta sentirme libre, te suelto la mano, la gravedad se vuelve inerte y echo a volar. Me dedico a bailar en el cuerpo de alguna niña que colecciona lunas. Me clavas la mirada, me pierdo en ella y antes de cometer algún error decido volver a tus sabanas, en las que me enseñas el cielo antes de dormir.



martes, 1 de abril de 2014

Siete cervezas.

Camino a dos centímetros del suelo, floto por el aire, sonrisa marcada y pelo minuciosamente despeinado. Tu sentada en una terraza, cerveza en mano, enfrascada en la que parece una emocionante conversación; te miro, me miras, nos miramos... Giro el cuello descaradamente, no quitas la sonrisa y empiezo a plantearme mil excusas por las que retroceder y presentarme. Paro en seco, doy unos pasos marcha atrás, intuyo una patada debajo de tu mesa que avisa de mi envalentonamiento.
"Perdona la imprudencia, no he podido evitar pararme, iba pensando en lo que me apetecía una cerveza y tu, ademas, me has antojado una sonrisa. Siento ser tan directo, pero podría haber caminado de espaldas hasta mi casa para no dejar de mirarte así que he preferido parar y decírtelo. Omite mis nervios y tomate la siguiente conmigo, esta claro que no quiero irme sin ti. Tenemos poco que perder, tampoco te prometo tener nada que ganar, pero déjame justificar esta intrusión, creo que te puedo convencer."
Pasaban los segundos, que los nervios disfrazaban de horas, seguías con la sonrisa marcada, mientras, atenta escuchabas cada palabra que te decía. Sabias mirarme fijamente, me retabas y yo te hacia el amor con los ojos.
Aceptaste aquella cerveza y riendo me dijiste: "solo tienes una oportunidad". Nos centramos en ponernos a prueba, nos convencíamos con la mirada. Al final me diste siete oportunidades, siete cervezas, se nos hizo de noche, es más, se nos hubiera hecho de día si no hubieran cerrado aquel bar. Te acompañe a casa y al despedirnos me preguntaste: "¿Que hacemos ahora que nos queremos un poco?", acercamos los labios, sonriendo, gire la cara y al oído te susurre: "Conocernos hasta enamorarnos, hoy has manejado mi sonrisa a tu antojo, no quiero saber que puedes hacer después de un beso, déjame algo de cordura por esta noche, no puedo enloquecer tan de golpe".


miércoles, 26 de marzo de 2014

Pide cena para dos.

¿Te acuerdas de aquella noche en la que subidos en mis zapatos recorrimos el mundo? ¿Te acuerdas de aquella noche en la que colgada de mis caderas te enseñe la luna? ¿Te acuerdas de aquella noche en la que baje por tu edredón? No me olvido de como te sumergías, me acuerdo de tu mirada diciéndome quédate, de tu sonrisa sin entender porque.
¿Te acuerdas cuando tu eras tu y yo quien tu quisieras que fuera? ¿Te acuerdas cuando, juntos, aprendíamos del amor? ¿Te acuerdas cuando la última copa se convertía en la primera del amanecer? ¿Te acuerdas cuando nuestra mayor preocupación era donde darnos un beso al saludarnos? ¿Te acuerdas cuando te decía que no quería parpadear para no perderme ni un segundo de tu mirada? ¿Te acuerdas cuando un paseo acababa en cena? Como olvidar las noches con Maldita Nerea y su “pide cena para dos”.
¿Te acuerdas cuando las horas pasaban sin avisarnos? ¿Te acuerdas cuando llegábamos tarde por intentar parar el reloj? Maldito el tiempo, se echaba a correr cuando le suplicábamos andar.
¿Te acuerdas cuando no queríamos colgar? ¿Te acuerdas cuando las cosquillas no eran una tortura? ¿Te acuerdas cuando se nos cambiaba la voz al hablar? ¿Te acuerdas cuando nos prometimos no olvidar?  ¿Te acuerdas cuando solo existíamos tú y yo? ¿Te acuerdas cuando jugábamos a Peter Pan? Yo no me olvido de esas noches en las que tu me esperabas y yo te llevaba a volar, me acuerdo de cogerte en brazos y llevarte al mar, me acuerdo de tu moreno lunar.  
¿Te acuerdas de las promesas cumplidas? ¿De los besos eternos? ¿Te acuerdas de todo lo que nos queda por hacer? ¿Te acuerdas de los abrazos al dormir? ¿Te acuerdas de como nos reíamos al cantar? No consigo olvidar el infinito de esos besos que prometimos nunca dejarnos de dar, me acuerdo de no tener lado de la cama, de tu sonrisa al despertar.
¿Te acuerdas cuando "nosotros" se convirtió en nombre en vez de en pronombre?



martes, 25 de marzo de 2014

Entendí.

Me hice un chaleco anti-balas a base de tus desprecios, inmune a tus "nos" la vida me volvía a sonreír. Puede ser que necesitara de tus cuchillos en forma de palabra para escarmentar, puede que mereciese del giro de tu cuello para aprender que los besos tienen un precio y hay que darles su valor.
Caí por confiar en que con alas de papel se podría volar, mis labios se quejaban de dolor al roce del frío de tus palabras.
Me pierdo por las calles tarareando estribillos que tu me enseñaste, me arropan las farolas y susurro tu nombre a ver si de casualidad alguien te empuja a mi lado. Tiro piedras contra ventanas desconocidas por si en alguna apareces.
Con ganas de comerme el infinito fui subiendo la escalera que lleva hasta el horizonte de tu mirada, superando los obstáculos de tu ropa, poco a poco, fui trepando la escarpada hasta tu pecho, las ganas de quitarte el corazón se apoderaron de mi yo racional. Me convertí en un loco por ti y entendí que no hay mas cuerdo que el que se deja llevar y comete locuras por amor. Entendí que la soledad tenia peso por la falta de ti y no por la falta de alguien más.
Entendí y acepte que no veía un futuro sin el roce de tu cuerpo al dormir.





martes, 18 de marzo de 2014

Ante ti.

Se me endurece el corazón al dejarte, las despedidas no debían ser tan difíciles. Odio el frió de mis labios al darte las buenas noches y colgarte. Tengo las manos gastadas de tocarte en la distancia.
Después de más de cien mañanas sin ti, me veo obligado a pedirle a las paredes que te envuelven cada noche que me dejen arroparte entre mis brazos. Me pierdo entre el tacto eterno de tu pelo, me bebo de un sorbo todas las caricias que me pierdo cuando te dejo en tu portal. No me quito ni con alcohol las ansias por besarte cuando no estas ni resisto a la emboscada de la fantasía de tus gemidos entre mis sabanas.
Te susurro algún verso mientras te desnudo con la mirada. Se me olvida respirar por culpa del recuerdo frenético del ritmo de tus caderas. Ciego por el brillo del sudor recorriendo tu cuerpo, sucumbo ante el deseo de tus labios cuando te saltas la distancia. Me invitas a secuestrarte y llego a imaginarme toda la vida entre tus pestañas.
Y aquí estoy, una vez mas, poniéndonos trampas para ver si nos confunde un te quiero.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Y te cuento.

Irónico el camino entre el si y el no, entre tu y yo. Besos a deshoras, caricias en fuera de juego. Te busco cuando el sol se mete, te odio cuando sale. Deshojo verdades mientras te miro repitiendo la ecuación: adelante o quieto ahí.
Tienes esa maldita mirada que invita a días azules, que convierte mi noviembre en tu abril. Con esos ojos capaces de transformar cualquier invierno en verano, tu, con esas piernas capaces de arroparme en mis noches tristes.
Busco alguien por la calle que me lea la mano para que me diga si la linea entre nosotros esta unida o si es discontinua.
Tantas veces me pillo creyendo en un tu y yo como de repente me veo en un rincón pensando en que no. Y la margarita, ya sin pétalos, no me soluciona la incertidumbre.
Pero entonces pasa, que te veo y me engancho a tu cintura, sin pensar en un mañana. Y canto victoria, pero vuelvo a la derrota de aquel bar en el que veo a todas esas niñas a las que acabe besando por las calles de Madrid.
Empiezo a darme cuenta que hay piedras que duelen, que el frió no es lo mio y que mi piel necesita del roce de tu cuerpo para hidratarse.
Y te cuento, lo irónico de un camino entre mi si y mi no, entre tu y yo, a veces te llevaba al cielo, otras me iría yo.

lunes, 3 de marzo de 2014

Quédate a dormir.

Quédate a dormir, te voy a demostrar que en la cama no solo busco desnudarte. Mírame a los ojos, me siento mejor hombre desde tu sonrisa, las horas parecen segundos a tu lado. Quédate a dormir, las sabanas me piden que comparta un poco de ti y la almohada no duerme conmigo si no puede acariciarte el pelo.
Cuando duermes a mi lado me doy cuenta de que estoy despierto entre sueños. Entendí porque Sabina tardo 500 noches en olvidar, entendí porque la luna a veces desaparece, esas noches en las que no estas me iría de aquí hasta encontrarte.
Quédate a dormir y si es toda la vida mejor, estas tan guapa al dormir que me desvelo solo por mirarte. Apoyada en mi pecho le suplico al sol un amanecer tardío. Quédate a dormir que mientras duermes te cuento mil historias, te confieso mi alma de Peter Pan y las ganas de enseñarte Nunca Jamas. Quédate a dormir que mientras duermes practico mis mejores pasos para sacarte a bailar cuando despiertes.
Ven, túmbate a mi lado que hoy te sacare a volar un rato. Ven, quédate a dormir, hoy toca lluvia de estrellas en mi edredón.
Me enseñas a soñar y aprendo a besar sin que te des cuenta. Despiértate y háblame de tus sueños, que entre risas planificare como ayudarte a cumplirlos.
Ven y quédate a dormir que las noches son menos oscuras a tu lado.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Noches al sol.

Esto no se trata de una declaración nostálgica, más bien una exposición de buenos recuerdos. Recuerdos con sal en el cuerpo, con arena pegada y melanina alborotada.
Salias del agua con el pelo hacia atrás, con la sonrisa marcada, más guapa que Ursula Andress en aquella película de Bond. Desobedientes, mis ojos, decidieron observar como los rayos de sol te maquillaban el cuerpo y mientras yo en mi toalla empezaba a enamorarme; habían pasado solo diez minutos desde que te había visto por primera vez.
Comidas casi atardeciendo, cenas y copas conjuntas describían nuestros días de verano, ese tiempo en el que te conocí y nos enamoramos fugazmente. Uno de esos amores que aparecen en segundos, que se sienten más que ninguno pero que caducan en septiembre.
Y hoy, una mañana lluviosa de invierno, me vienen los recuerdos de aquel verano: nuestras siestas al sol, mi gorra que hiciste tuya, nuestras guerras llenos de arena, los juegos dentro del agua y los asaltos a esas noches en las que volvíamos cuando salia el sol. Fuiste el amor más intenso que recuerdo, lo sentíamos eterno, no contábamos los días, no le veíamos final. Los días pasaban entre hogueras a media noche, salidas diarias, barcos, mar, sal, arena y canciones que como nuestro amor tenían fecha de caducidad.
Recuerdo tu mirada hasta debajo de esas gafas de sol, tu torpeza jugando a las palas o tu odio eterno a la arena que siempre aparecía en la toalla.
Te prometo que no te echo de menos, como te decía esto no es una declaración nostálgica, tampoco es un vuelve, pero iba caminando bajo la lluvia y me he acordado de como te gustaba bañarte mientras nos caía una de esas tormentas de verano.
He decidido escribirte para contarte que la resaca de verano me dura diez meses, que las noches al sol siempre tendrán tu nombre y que cuando me acuerdo de los días que estuve enamorado de ti la sonrisa se me pone hasta dormido.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Fingir estar contentos.

Miro la pantalla del móvil con la esperanza siempre viva de tener alguna noticia tuya, busco entre conversaciones si tu nombre se esconde entre todos esos títulos. Me canso de hablarte sin decirte ni una palabra. No se cuanto tiempo podre seguir con la farsa de mirarte a escondidas. Me compro guantes nuevos de boxeo, los antiguos están desgastados de pelearme con el teléfono para no llamarte.
Me empieza a superar la insaciable necesidad de querer buscarte, me asusta este miedo a encontrarte y me matan estas ganas de no querer separarme.
Me dibujo, obligado, una sonrisa cuando me entero que otros te abren la puerta, finjo indiferencia cuando pasan días sin saber de ti.
Me descubro pensando en ti mas veces de las contadas, me esfuerzo en no recordar mis sueños por si apareces también en ellos. Tengo una imagen tuya tatuada en la imaginación, en ella me cuelo entre tu ropa, te beso suavemente y tu me dices que no hay mañana sin mi.
Recupero el aliento esas mañanas que te da por demostrarme que sigues viva, esas mañanas que haces que salga el sol, esas mañanas que al llegar la noche sacan mi parte más asesina contra la luna.
Me iría sin despedirme, sin sincerarme, pero estoy cansado de mirarte con benevolencia, aceptando tu rol como si no doliera.
Te quiero confesar que padezco adicción a tu voz, que sufro mono de tus caricias, que a veces acaricio al aire y me quema el roce de nada. Te confieso también que aun con los sueños apagados me he despertado más veces de las creíbles bajo tu ventana, que no quiero dormir si no es entre tus sabanas. Yo suelo dejar que el orgullo decida por mi y tu dejas al miedo encargado de tus decisiones. Acabo ya, robándote entre estas lineas el tiempo que preferiría gastar en desnudarte pero los días se nos van y no quiero volver a las noches en las que fingimos que todo esta bien.

domingo, 16 de febrero de 2014

Una de cal por dos de arena.

Tengo tantas cosas que decirte, tantos besos que darte y mucho que pedirte... Empezare por lo último. Hoy me gustaría que estuvieras pendiente de mi, tengo una de esas noches tontas que necesito aquello que suelo esconder cuando me disfrazo de hielo. Me gustaría que tu cama estuviera más tiempo de guardia, que de vez en cuando se te escape un "me acuerdo de ti", que dejáramos el orgullo a un lado y el juego de quedar por encima de una vez de lado. Me gustaría que mirarnos fijamente ya no fuera un reto, que no esperáramos a ver quien escribe antes, en definitiva, me gustaría que nos dejáramos llevar sin miedos ni prejuicios.
Ahora te hablare sobre los segundos, podría describir con precisión milimétrica los momentos en los que estuvimos apunto de dárnoslos. Podría decirte exactamente cuantas veces me miras a los labios cuando la distancia disminuye entre nosotros. Podría decirte la de veces que sueño con ellos, la de veces que me entran ganas escuchando alguna de esas canciones que algún cantautor escribió sobre ti. Podría incluso confesarte que sin haberte dado uno creo que un beso tuyo seria como morir y reencarnarme en un segundo. También podría decirte que se dibujar tus labios con los ojos cerrados, pero aquí ya paso al primer punto y a todas esas cosas que decirte. Decirte que sin ti no soy y que contigo vuelo con los pies en el suelo, decirte que entre sueños a veces se me escapan tus te quieros. Decirte que cuando bailas haces magia y que cuando me miras soy inmortal. Decirte que me vuelves cursi y romántico, que muchas noches necesito tenerte a mi lado viendo pasar el tiempo mientras te veo dormir. Sumo las horas y me doy cuenta de que un viaje a la luna es una distancia corta si es a tu lado. Te llevare a todos los sitios en los que no has estado, te enseñare partes de tu cuerpo que nadie te había encontrado.
Me encantaría poder explicarte todas estas cosas pero estamos en ese proceso del juego en el que una de cal vale mas que una de arena. Pero llegado el momento te prometo que te explicare que tu, dos copas de vino y mi cama es todo lo que necesito pasar feliz.

lunes, 10 de febrero de 2014

Inevitable.

Tus ojos me pedían guerra, tu boca en cambio me decía que no. No eras de esas que de pequeño describía al hablar de la mujer perfecta, tampoco te recomendaban las barras de bar en las que te invitaba a algún gintonic, supongo que te habrían visto en la misma actitud con algún ingenuo que como yo pensaba en tenerte para siempre. Pero te pareces a lo que soñaba cuando me veía feliz, sin ningún rasgo destacable pero altamente adictiva. El matiz imposible y peligroso te hacían inevitable. Yo ante tus piernas me sentía imparable, me sacabas carcajadas hasta entre mis ataques de celos cuando te creía con otro.
Todos me hablan de amor, yo les hablo de ti. Ellos me hablan de canciones, yo les describo tu risa. Me cuentan sobre lunas de miel y yo les explico que cada noche en tus caderas toco el cielo. 
Podría pasarme mil noches más con Andres Suarez de fondo escribiéndote e imaginando tus abrazos pero no se si esto merecerá la pena, no se muy bien que me pasa, si seras solo cosa de esas noches que bebo de más. Te doy mi parte más romántica y sacas el animal que llevo dentro, me llevas de un extremo a otro. 
Entre besos sonríes y me hablas de que te estas enamorando, yo te advierto que entre amores nunca caí de pie, tu me regalas el cielo pero sospecho que luego tendrá una cuota muy alta, inasumible para mi, que me imagino teniéndote para siempre y me acelero.
Y no se si decírtelo o no, pero me vuelves loco, mis colmillos sucumben a tus mordiscos de niña. Pero no te preocupes, que yo me enamoro pero se fingir y seguir como si esto fuera un juego mientras nos vamos conociendo. 
Tu mientras sigue agarrándome la mano aunque luego te arrepientas, que el miedo te hace más humana. Que aunque me propongo olvidarte me sigo colando cada mañana por tu ventana para dejarte el desayuno en la cama.
Y es que como te dije antes, eres inevitable y yo cuando te tengo a mi lado me siento imparable.

lunes, 3 de febrero de 2014

Aquel paso de cebra.

A veces vuelvo a aquel paso de cebra que usaba para sacarte a bailar aquellas noches en Madrid. Echa de menos nuestros besos, mis pisotones cuando fingíamos escuchar una lenta, echa de menos mi rodilla al pedirte que te casaras conmigo una y mil veces. Echa de menos mis promesas, nuestros para siempre. Las calles de Madrid me preguntan también por ti y tímido intento explicarles porque todo se acaba. Y es que la vida son momentos, momentos con nombre, momentos que son nosotros, momentos que eres tú, momento que es ella… Pero al fin y al cabo solo son momentos y todos con fecha de caducidad.
Tu inocencia creía en lo eterno, yo siempre te dije que ojala algún “por siempre” llevara tu nombre a mi lado. Y ahora cada uno paseamos por Madrid de la mano de otra persona, riendo, felices pero con la lección aprendida, nada es para siempre.

Y hoy vuelvo a aquel paso de cebra y te encuentro quieta, con la mirada baja y llorando me preguntas si he vuelto con alguien más, y la respuesta es no, siempre será para ti y para mi, solo será para nosotros. Y nos vamos cada uno por nuestro lado, con la sonrisa marcada, pensando en que por lo menos algo de lo nuestro si sera para siempre. 


lunes, 27 de enero de 2014

Lo inventamos.

Tus ojos me preguntan si existe el amor, me lo pregunta lo que me hace sonreír estas últimas mañanas. La respuesta la tienes tú.
No me hagas caso, tengo el corazón oxidado por falta de querer, los ojos desbordados de lloros pendientes, las manos llenas de caricias prometidas y los labios corruptos de besos sin sentir.
Y estas tú, con tu semblante firme, voz dulce y palabra exacta, preguntándome si existe el amor, existe, para ti seguro que existe, no he conocido hombre capaz de no temblar al verte, de no suspirar por besarte, no he conocido hombre capaz de poder dormir después de acariciarte. Sé que mi respuesta no es muy precisa, pero no se decirte si existe o no, solo puedo decirte que tu acercas a él.
Sentada, sonriendo, con una copa de vino en la mano, me cuentas la de cosas que quieres hacer, agobiada por no saber de donde sacar el tiempo para hacer todo, me describes a la perfección todos los sitios que quieres conocer y mientras yo te sonrió muriéndome de ganas de decirte que quiero conocer contigo cada uno de esos lugares.

Y aquí estamos, cenando una noche más, debatiéndonos en algún tema con el que como siempre zanjaremos con un ataque de risa. De repente me miras seria y me preguntas si existe el amor…  Y yo, temblando, sin respuesta te miro y respondo: Si tu crees creo y si no existe lo inventamos.

jueves, 16 de enero de 2014

Eterno enamorado.

Calcule los cuerpos en besos y los besos en sonrisas. Entendí que el placer se conseguía sudando y que nada es eterno.
Me aposte la felicidad en más de una barra con mujeres de infarto: "si nos vamos juntos haré lo necesario para que seas feliz, si no lo haces venderé mi sonrisa por otra copa", el órdago solía acabar entre sabanas y sonriendo les susurraba: “pierde el que tiene algo que perder”.
Pasaba el tiempo, las barras de bar y las copas de más, pasaban ellas y a ninguna invitaba a quedarse. 
Las noches a solas mal decía la suerte de no encontrar el amor. Me consideraba un eterno enamorado, enamorado de todas y ninguna. Me engañaba constantemente, no quería ver que lo que tenía era miedo a sentir, a ser vulnerable, a morir por una caricia. Miedo a sufrir por una sonrisa en otra dirección, miedo a querer despertarme cada día pegado a la misma cintura, enredado en las mismas piernas. Miedo a suspiros inevitables, a escribir de alguien y no de nadie.
Me envalentone, convencido de dejarme llevar, dedicarle tiempo al amor y no solo al deseo. Y así fue.

En estas historias siempre debe haber un "y apareció ella" con una historia romántica y apasionada que contar y así es, la hay, pero esa es otra que aun no quiero escribir.