martes, 8 de abril de 2014

Subido en tus sabanas.

No te voy a enseñar el cielo, lo inventaste tu. No te voy a llevar flores, se caen a tu paso. No te voy a prometer un corazón intacto para siempre, pero si cicatrizarte cada herida. No me escapare, estaré detrás de ti, mirándote fijamente. No te hablare de mañana ni de ayer, te enseñare que hoy ha amanecido despejado y podemos salir a jugar. Mientras te escribo, me he puesto a mirar tus fotos y he recordado que nada colorea las noches como tu pintalabios.
Empieza el calor y llegan tus vestidos, se van las trampas a mis manos. Me llevas en tus tacones, tus piernas son más que una tentación y nos perdemos bailándole al sol. La temperatura sube y los días son mas largos, nos quitan horas de noche y en huelga cerramos las persianas. Trasnochamos, subidos en tus sabanas, sin más abrigo que esa sonrisa inevitable. Mirándote desde el espejo del baño me pregunto si habrá algún regalo igual que tu despertar.

Apuro el paso hacia tu casa, cualquier segundo perdido pesa casi como las despedidas por la mañana. A mi paso se cruza toda esa gente que nunca probara la perdición de tus besos, desafiante, les miro con ese desdén de tener lo que todos querrían.
Caminas presumiendo ese color que da el verano, los ojos bien marcados y el pelo al viento, pocos cuellos se resisten en tus apariciones.
Por un rato me gusta que me sientas tuyo, te doy la mano y te miro sonriendo, a veces, en cambio, me gusta sentirme libre, te suelto la mano, la gravedad se vuelve inerte y echo a volar. Me dedico a bailar en el cuerpo de alguna niña que colecciona lunas. Me clavas la mirada, me pierdo en ella y antes de cometer algún error decido volver a tus sabanas, en las que me enseñas el cielo antes de dormir.



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