jueves, 21 de junio de 2018

Ser cicatriz o candado.

Le perdí el miedo a tu escote, le declaré la guerra y empecé la lucha con tu vestido.  

Me esforcé en que no se me escapara ninguna declaración de amor, me envalentoné y me encare con la luna por alumbrar poco tú piel. Aún no sé bien si era yo o mis manos las que gritaban.

Nos sobraban motivos para encontrarnos ángulos muertos, nos faltaban razones para enredar al tiempo en algún “dame más”. 

Tenias el arte en los labios, yo lo buscaba en los tiempos verbales. 

Nos dejábamos entrar, pero mirábamos de reojo a la puerta, como si algo nos impidiera pasar. Te pregunte: ¿qué hago aquí? No te deje responder, tú tampoco lo sabías. Recuerdo tus ojos diciéndome: ¿qué más da? Dejémonos llevar. 

No sabía si hacerle caso al corazón o apartarme de tu boca. Si perder el equilibrio y darle contenido a los recuerdos o ponerle candado a los sentidos. 

Ser valiente y añadir tus iniciales a la colección de cicatrices o seguir rellenando agenda con nombres que no volveré a buscar.





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